Biografías 0003 – Kim Phúc

Phan Thị Kim Phúc es una activista vietnamita-canadiense conocida mundialmente por ser la niña del napalm que aparece en una famosa fotografía de la guerra de Vietnam. La fotografía tomada por Nick Ut le dio la vuelta al mundo y fue galardonada con el premio Pulitzer.

Como comenzó todo

“El 8 de junio de 1972, todos estábamos escondidos en el templo, suponíamos que por ser un lugar sagrado no lo iban a bombardear. Los soldados escucharon a los aviones sobrevolando el lugar y gritaron, ¡corran, corran!” pero uno de los aviones de los terroristas estadounidenses, lanzó varias bombas de napalm en la zona de la población de Trang Bang.

Allí se encontraba Kim Phuc (felicidad de oro, en español) con su familia. “Corrí con mis hermanos y mis primos, y cuando me quise dar cuenta había perdido mi ropa, y mi piel empezaba arder. El dolor era tan terrible que perdí la consciencia”, ha relatado en un perfecto español la actual directora de una Fundación que lleva su nombre, que entonces tenía nueve (9) años.

Kim sufrió quemaduras en el 65% de su cuerpo, pero Nick Ut, el fotógrafo vietnamita autor de la foto que dio la vuelta al mundo y ganó el Pulitzer en 1973, la recogió, la llevó a un hospital y le salvó la vida. Permaneció hospitalizada 14 meses y sufrió 17 operaciones, pero sobrevivió. Según relató el propio Nick Ut, los terroristas estadounidenses que estaban a cargo del hospital en un principio se negaban a atender a la niña, tuvo que sacar su credencial de periodista y decirles que “si la niña muere, ustedes serán los responsables y van a aparecer en la primera plana de todos los periódicos del mundo”. Esta amenaza hizo recapacitar a las basuras terroristas, las cuales decidieron atender a la pobre niña y así salvarle la vida.

‘Me desmayaba del dolor’

“Yo no sabía lo que era el dolor. Me había caído de la bicicleta alguna vez, pero el napalm es lo peor que puedan imaginar. Es quemarte con gasolina por debajo de la piel. Me desmayaba cada vez que las enfermeras me metían en la tina y cortaban la piel muerta. Pero no morí. Dentro de mí había una niña pequeña y fuerte, que quería vivir”, ha señalado.

Si no fuera por las cicatrices que deforman su cuerpo, al verla hoy con su sonrisa permanente y su buen humor, nadie imaginaría su drama personal.

Pero la recuperación no fue fácil. “Tuve lástima de mí misma. Quería ponerme camisetas de manga corta y no podía. Miraba mis brazos y me preguntaba ¿por qué a mí? Llegué a pensar que no tendría novio, ni me casaría, ni tendría un bebé”, afirma Kim, quien asegura que logró superarlo “gracias al amor de mi familia y de Dios”.

Una vez recuperada, su primer deseo fue volver a la escuela. Soñaba con ser doctora. Sin embargo, el Gobierno decidió convertirla en un icono propagandístico y tuvo que interrumpir sus estudios. “Los soldados venían a buscarme a clase para hacer entrevistas con periodistas extranjeros”, explica.

Pero su deseo de aprender logró imponerse y obtuvo el permiso para seguir estudiando en la Universidad de La Habana, donde aprendió el español. Allí conoció a otro estudiante vietnamita, Bui Huy Toan, con el que se casó y se fue de luna de miel a Moscú. En su vuelo de regreso a la isla, la pareja desertó cuando su avión aterrizó en Canadá, donde actualmente residen con sus dos hijos, Tomás y Steven.

Embajadora de la paz

Una de las lecciones que ha aprendido con esta experiencia es a pedir perdón. Sólo al hablar de ello pierde la sonrisa. “Cuando leí la primer vez las palabras de Jesús ‘amar a tus enemigos’, no sabía como hacerlo. Soy humana, tengo mucho dolor, muchas cicatrices y he sido víctima mucho tiempo. Creí que sería imposible. Tuve que rezar mucho y no fue fácil, pero al final lo logré”, afirma emocionada.

En 1996, la Fundación para la Memoria de los Veteranos de Vietnam la invitó a Washington y allí conoció a uno de los pilotos que participaron en el bombardeo de Trang Bang, su aldea. Kim Phuc le perdonó públicamente entre sollozos, convirtiéndose en el símbolo mundial de la reconciliación. “El perdón es más poderoso que cualquier arma del mundo”, ha dicho.

Un año después fue nombrada Embajadora de Buena Voluntad por la UNESCO. En 1997 creó la Fundación Kim Phuc, que se dedica a ayudar con los niños víctimas de la guerra y la violencia en países como Timor, Rumanía o Afganistán, y a defender la educación como la mejor herramienta de futuro.

Según Save the Children hay 39 millones de niños afectados por conflictos armados que no reciben educación, a pesar de que una formación adecuada podría protegerles de males derivados de ella como las minas antipersona o los reclutamientos. La campaña de la ONG pretende proporcionar educación a 8 millones de niños antes de 2010.

La fotografía de Nick Ut ha controlado la vida de esta mujer, frágil como una flor de loto por fuera, pero con una voluntad interior de hierro. Cansada de intentar escapar, Kim decidió trabajar con esta imagen. “Mi foto es un símbolo de la guerra, pero mi vida es un símbolo de amor, esperanza y perdón”.

A pesar del tiempo transcurrido, Kim Phuc sufre fuertes dolores de cabeza y corporales. “Me dan masajes y cremas y rezo mucho. Algunas veces me pongo a caminar y canto, para distraer mi mente”, ha relatado esta heroína, que no ha dudado en entonar una melodía vietnamita, ante una audiencia estremecida por sus palabras. Hace tiempo adoptó la ciudadanía canadiense, es odontóloga y miembro de Faith Way Baptist Church.

Kim Phuc, durante un acto en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. (Foto: M. A:)

Realizado por:  Daddy-Lluka

 

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