Biografías 0033 – Joseph Pulitzer

Nacido en Makó, Hungría, el 10 de abril de 1847, de familia judía emigró con 17 años a Estados Unidos sin un dólar en el bolsillo y sin saber inglés. Recién llegado, se alistó en el ejército del Norte para combatir en la Guerra de Secesión. Concluida la contienda cuatro años después, se marchó a vivir a San Luis, Missouri. Para sobrevivir realizó diversos trabajos, estudió leyes y empezó como reportero circunstancial en el principal diario liberal escrito en alemán de San Luis, el Westliche Post.

Cinco años después, en medio de la crisis de los periódicos, Pulitzer compró el Westiche Post por 3.000 dólares. Con 36 años se hizo con el New York World, un periódico al borde de la quiebra que pasó de vender 12.000 ejemplares a más de 600.000. Inventar, lo que se dice inventar, Pulitzer no inventó nada, pero consiguió apartarse del sensacionalismo tradicional de la prensa norteamericana y aportar ciertos criterios de calidad.

Todo con vistas a consolidar el americanismo, la democracia, las libertades públicas y combatir la corrupción y el abuso de las corporaciones. También, fue el primero en tener el acierto de incluir campos que se encontraban inexplorados, como las ilustraciones con grabados en madera, y las secciones separadas de política, economía, deportes, espectáculos, con verdaderos especialistas para cada tema. También participó en varias campañas de recogida de fondos, como la que hizo para recaudar fondos para el pedestal sobre el que se colocaría la estatua de la Libertad.

También estableció una serie de servicios públicos como la comida de navidad para los pobres, hielo gratuito para los inquilinos del vecindario durante el verano, un cuerpo de 35 médicos para la atención a los necesitados, y diversiones para miles de niños. Con una ambición y perseverancia desmedidas, Pulitzer logró las mayores tiradas de prensa, y las mantuvo hasta la llegada del gran magnate del periodismo norteamericano, William Randolph Hearst.

El sensacionalismo de Hearst sobrepasaba los límites que siempre intentó guardar Pulitzer, lo que les valió a ambos la acusación de populistas y de estar practicando un periodismo sensacionalista (amarillista) en el que se manipulaban las noticias. Pulitzer dotó al periodista de altura intelectual y profesional. La Escuela de Estudios Avanzados de Periodismo de la Universidad de Columbia se fundó gracias a su voluntad y los dos millones de dólares que dejó como donativo.

Sin embargo, Pulitzer buscaba redactores borrachines que dieran al World el toque creativo y dinámico que necesitaba. Además, su aventura en el mercado de la comunicación pasó por enfrentamientos duros con otras publicaciones, con sus familiares, con sus empleados, incluso con el mismo presidente Theodore Roosevelt. Pulitzer fue mal marido, mal padre, un director obsesivo y un ciego millonario rodeado de un séquito que derrochó toda la paciencia del mundo.

El editor del periódico rival New York Sun atacó a Pulitzer llamándole en 1890 «el judío que abandonó su religión». Tras el ataque, que tenía por objeto el quitarle los lectores judíos, la ya frágil salud de Pulitzer se deterioró rápidamente y tuvo que abandonar la actividad periodística de forma directa, aunque continuó dirigiendo activamente el periódico desde su retiro en Bar Harbor, Maine y desde su mansión de Nueva York.

En 1895, William Randolph Hearst adquirió el periódico rival New York Journal, al que condujo a una guerra de difusión. Esta competición con Hearst, en concreto en todo lo que se refirió a la cobertura antes y después de la guerra hispano-estadounidense, que no fue más que una creación producto de buscar una historia más amarilla, escandalosa, y falta de veracidad, con el objeto de atraer más público.

La guerra hispano-estadounidense es recordada como el producto de muchas fuentes fraudulentas y carentes de hechos concretos, y la ambición y egoísmo de dos hombres que crearon una guerra con el solo objetivo de vender periódicos. Cabe destacar que Pulitzer omitió mencionar que la batalla clave de esa guerra fue peleada por caballería afroamericana. También afectó a la naciente industria de las tiras cómicas al provocar un trajín de autores como Richard Felton Outcault, George McManus o Rudolph Dirks entre los diarios de uno y otro magnate, hasta el punto de acudir a los tribunales para conservar la propiedad de sus series.

Como consecuencia de la denuncia del pago fraudulento de 40 millones de dólares por parte de Estados Unidos a la compañía francesa del Canal de Panamá en 1909, Pulitzer fue denunciado por difamar a Theodore Roosevelt y a J. P. Morgan. Los jueces rechazaron la acusación, en una victoria para la libertad de prensa. En 1892, Pulitzer ofreció al presidente de la Universidad de Columbia, Seth Low, financiar la primera escuela de periodismo del mundo. La Universidad rechazó inicialmente el dinero, evidentemente influida por la polémica figura de Pulitzer. En 1902, el nuevo presidente de la Universidad, Nicholas Murray Butler, fue más receptivo hacia el plan de la escuela y de instaurar unos premios, pero no sería hasta la muerte de Pulitzer que este sueño se haría realidad.

Pulitzer dejó a la Universidad 2 millones de dólares en su testamento, lo que permitió la creación en 1903 de la Columbia University Graduate School of Journalism (la escuela de periodismo), que sería una de las más prestigiosas del mundo, aunque ya no fuese la primera, por haberse creado antes la de la Universidad de Missouri. Joseph Pulitzer murió a bordo de su yate en el puerto de Charleston, Carolina del Sur, en 1911. Está enterrado en el cementerio Woodlawn del Bronx, en Nueva York.

En su testamento también dispuso la creación de un premio de periodismo que llevara su nombre. Cinco años después de su fallecimiento, en 1917, se entregó por primera vez el premio. Desde entonces, todos los 10 de abril, el día que Pulitzer vino al mundo, se concede ese galardón, que en sus primeros tiempos contaba con cuatro categorías y que en la actualidad tiene 21. Además se le puede considerar un pionero del «infotainment», esa mezcla de información y entretenimiento en la que los periódicos no han dejado de profundizar desde entonces.

Realizado por Daddy Lluka

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