Nadal, en otro nivel

Estaba jugando el mejor tenis del año, comentaba en la previa, después de arrollar a Fabio Fognini. Una cosa son las palabras y otra los hechos. Así que Rafael Nadal lo corroboró en la pista con un auténtico despliegue de calidad, fuerza y velocidad contra Grigor Dimitrov. Un encuentro que en esta recta final de curso se ha convertido en un espectáculo de tenis semanal.

Se encontraron hace unos días en el Abierto de China, y como si hubieran copiado el guion, el español y el búlgaro volvieron a firmar un duelo eléctrico, sin apenas errores, con ataques y defensas rapidísimas, con táctica, estrategia y belleza. Y de una igualdad que alargó el show hasta las dos horas y 32 minutos. Pero como en Pekín, Nadal venció en Shanghái. Con esa mirada desafiante y ese tenis con el que todo le sale bien en este 2017 de ensueño.

En una pista muy rápida en el Masters 1.000 de Shanghái, Nadal fue todavía más rápido, incapaz Dimitrov de sorprenderlo y obligado a tener que ganar terreno en detrimento de preparar bien los golpes. Pero el búlgaro, animándose en cada punto, compacto en la red y resolutivo y firme también en el fondo, completó su repertorio con un buen puñado de servicios para que el primer set solo se decidiera en un detalle: la concentración de Nadal, la fortaleza de Nadal, la incapacidad de darse por vencido de Nadal. Peleó, peleó, peleó y triunfó. Martilleó a Dimitrov hasta que a la cuarta bola de break se llevó el noveno juego. Y con un saque certero, el primer set.

También copiaron de China el segundo parcial. Igualdad absoluta que se rompió en el tie break. Una recompensa al búlgaro, que no cedió en ánimo ni en calidad en la segunda manga y que halló la fórmula para doblegar al español con una gran remontada desde el 0-3. Los puños cerrados pertenecían a Dimitrov, que voló sobre la pista y respondió con la misma rapidez a la rapidez que desprendía Nadal, incansable al desaliento a pesar del resbalón del primer parcial. Impertérrito a pesar del alargar el partido porque el balear tiene una inagotable reserva de energía en la recta final de un curso que ya era de diez.

Ante este Nadal hay que ser tan bueno como este Dimitrov de cuartos, y todavía un poco más. Un fallo ante este Nadal es sentencia. Porque no tiene grietas. Y si las hay, enseguida las tapa con un revés que asusta y una derecha ilegible, con una rapidez de ideas incontestable y una velocidad de reacción que anula cualquier ataque. El búlgaro solo se permitió fallar una vez en el set definitivo. Un traspié en el quinto juego provocado por el español, pues Dimitrov tuvo tres bolas de break en el juego anterior, pero se defendió con todo y con un revés cruzadísimo que desbarató las energías y esperanzas del rival. El desgaste, el tenerlo tan cerca y no conseguirlo, mermó el brazo del nueve del mundo y cedió su servicio. La sentencia.

Nadal ya no tuvo prisa, porque ya tenía el tenis para confirmar a Dimitrov que, de nuevo, una semana más tarde, no iba a ser él quien siguiera en el torneo. Aguantó el búlgaro su siguiente turno de saque, y con el suyo, Nadal alzó los brazos. Penúltima ronda del Masters 1.000 de Shanghái, donde lo esperaba ya Marin Cilic. Pero este Nadal está a otro nivel.

LAURA MARTA / abc.es

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