Marc Márquez gana en Australia

Él siempre se las arregla para salir airoso. El resto, que haga lo que buenamente pueda. Ganar siempre es el plan A de Marc Márquez, convencido de que debía imponerse en Phillip Island, un circuito que al girar en el sentido contrario a las agujas del reloj, ser de curvas rápidas y más intuitivo con el gas que ningún otro, él consideraba terreno abonado para la victoria. Un escenario perfecto para prepararse el camino hacia el título Mundial, para seguir ganando distancia al frente de la clasificación y alejándose de ese fenómeno del 2017 que es Andrea Dovizioso.

Nada podría haber ido mejor para él. Márquez tiene el Mundial de MotoGP a tiro después de ganar en Australia y de que su gran rival por el título, Dovizioso, solo pudiera ser 13º. El español suma así 269 puntos en el Mundial por los 236 del italiano, y podría ser ya campeón del mundo el próximo domingo en el Gran Premio de Malasia, siempre que aquel no obtenga ocho puntos más que él (así que se aseguraría el Mundial con un primer o un segundo puesto).

Márquez logró el sexto triunfo de la temporada merced a un final sobresaliente. Estudiado. Mientras sus rivales protagonizaban batallas cuerpo a cuerpo con hasta tres protagonistas y entradas a meta dignas del fotofinish mejor calibrado, él disfrutaba de cuatro últimas vueltas en soledad. Había estado casi toda la carrera esperando su momento. Conservando sus gomas, agazapado, protegido (o a veces no tanto) en medio de la jauría. Los 4,4 kilómetros de Phillip Island abocaron a los pilotos a una carrera en grupo.

En cabeza rodaban hasta nueve corredores. Y el liderato cambiaba tanto de manos como en las competiciones de Moto3. Se corrió lento. Había subido mucho la temperatura y muchos calzaban la goma blanda detrás (solo cuatro eligieron la media, entre ellos Rossi y Dovizioso, con resultados dispares), por lo que nadie se atrevía a colocarse delante y tirar del carro, que 27 son muchas vueltas como para no acusar el desgaste.

Fue por eso también que Márquez parecía andar justo de fuerzas. Al inicio segundo, luego cuarto, de nuevo segundo, otra vez cuarto. Ahora un toque por aquí (hubo contacto con Zarco hasta en dos ocasiones), ahora un adelantamiento por allá, hasta que a falta de seis vueltas se colocó en cabeza. Era el momento. “Estuve esperando y esperando. Y entonces lo di todo”, explicaría después. Había logrado mantener sus gomas a punto. Y tiró. Al cabo de dos giros logró abrir una pequeña distancia: seis décimas de segundo. Tras él, el debutante Zarco volvía loco al personal, ansioso como está por subirse al podio en una temporada en la que ya ha demostrado que puede ser muy rápido y que no le falta atrevimiento.

Márquez, al frente de un grupo de pilotos.
Márquez al frente de un grupo de pilotos

La pelea del francés con Rossi, Viñales y Iannone -magnífica la evolución de Suzuki en el tramo final del curso, aunque finalmente fueron las dos Yamaha oficiales las que subieron al podio, por ese orden- todavía benefició más al líder del Mundial, que había estado muchas vueltas buscando a Dovizioso entre ese barullo de motos que se dejaba el pellejo por acabar entre las tres primeras. Pero el italiano cometió un error crucial en la primera vuelta.

En un intento por recuperar posiciones en la salida (era el 11º en la parrilla), se pasó de frenada en la primera curva. Y, en cambio, se fue hacia a la escapatoria y acabó cayendo a la 20ª plaza. Hizo un muy buen inicio de carrera. Remontó con relativa facilidad hasta la 12ª posición, donde se encontró a Pedrosa, que ya no se lo puso tan fácil. Que le devolvió un adelantamiento. Que le cerró los huecos hasta que pudo volverle a pasar. Y entre unas cosas y otras iba pasando la carrera, el tiempo, y se iba consumiendo su neumático. Se quedó estancado. Pudo ganar una posición más, hasta la 11ª. Pero acabó terminando el 13º.

Sabía que no sería fácil competir con Márquez en un circuito tan rápido, que después de la terrorífica bajada de Lukey Heights, donde se cayó el sábado, esconde dos curvas velocísimas y largas en las que su Ducati no responde como le gustaría. Perdió dos posiciones en la misma recta de meta. La última curva le mató. Y quizá también ahogó muchas de sus posibilidades de título.

Cuando Dovizioso llegó a Australia estaba a 11 puntos de Márquez. Se marcha a 33. El de Sepang es un escenario más amable para él y para su Desmosedici. Pero quizá la distancia es ya demasiada. El piloto de Honda llegará a Malasia ya con opciones de proclamarse campeón. Y si no lo es la semana próxima, tendrá otra oportunidad en Valencia.

NADIA TRONCHONI

 (España)

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