Dormitorios para profesionales: la solución al precio de la vivienda en San Francisco

En busca de un precio de renta más asequible, la clase media de San Francisco (USA) participa en un experimento inusual de vida comunal: la gente se está mudando a dormitorios. Trabajadores como capitanes de meseros, gerentes de librerías, músicos de bares, creativos de empresas de publicidad y planificadores de ventas en comercios al menudeo, cuyos sueldos no pueden competir con los del sector tecnológico, han terminado por decidir compartir un baño al final del pasillo de sus habitaciones y carecer de cocina o sala de estar individual.

Esto es algo cada vez menos raro gracias a Starcity, una nueva constructora que está edificando dormitorios pensados para gran parte de la población que no trabaja en empresas de tecnología. Starcity ya abrió tres propiedades con 36 unidades. Está construyendo otras nueve y tiene una lista de espera de 8000 personas.

La empresa está comprando una docena más de edificios (incluyendo hoteles de una estrella, estacionamientos, edificios de oficinas y viejas tiendas minoristas) con la previsión de contar con cientos de unidades disponibles por toda el área de la bahía de San Francisco este año y con miles para 2019.

Los residentes de Starcity tienen una habitación de entre 12 y 20 metros cuadrados. Aunque algunos de los edificios ofrecen ciertas unidades con un baño privado por una renta más alta, para Jon Dishotsky, confundador y director general de Starcity, un baño para cada dos a tres habitaciones es lo más sensato para la accesibilidad a gran escala. Un apartamento promedio de una habitación en San Francisco se renta a 3300 dólares al mes, mientras que las habitaciones de Starcity se rentan por entre 1400 y 2400 dólares mensuales, totalmente amueblados, con servicios y WiFi incluidos.

El segmento demográfico al que se dirige Starcity gana entre 40.000 y 90.000 dólares al año. Para la mayoría de los residentes, cuyas edades oscilan entre los veintitantos y los cincuenta y tantos, mudarse allí fue una decisión práctica. Sin embargo, se dicen sorprendidos por cómo han cambiado sus vidas después de mudarse a esos edificios.

En busca de un rumbo

Durante una noche reciente, los habitantes de la casa de la calle Mission se reunieron para celebrar varios cumpleaños. Entre ellos estaba Carla Shiver, de 38 años, con un gorro de fiesta. El año pasado, la empresa telefónica y de internet Verizon eliminó su empleo en el estado de Georgia, pero le ofreció transferirla a San Francisco para trabajar en una tienda.

Shiver, quien gana cerca de 85.000 dólares al año, sabía que nunca le alcanzaría para pagar una casa ahí (algunos estimados indican que vivir en esa ciudad cuesta hasta un 60 por ciento más que hacerlo en otras urbes estadounidenses). Aun así se mudó. “La gente habla todo el tiempo sobre sus sueños, así que decidí dejar de hablar de los míos y mejor hacer algo al respecto”, dijo Shiver. “Estaba en busca de un rumbo para mi vida”.

Se divorció de su esposo, subió a su auto a Stanford, su perro de raza Yorkie Pom, y condujo hacia el oeste. En un inicio, la alarmó la idea de compartir el baño pero las fotos del edificio se veían bien y Shiver quería hacer nuevos amigos. Por 2200 dólares mensuales, ahora renta una habitación de Starcity con una cama tamaño queen, una mesa de noche y una silla. Dijo que no se imagina vivir de otro modo.

“Ya fui ama de casa; ya me encargué de pagar cuentas y de podar yo misma el pasto; ya no quiero ser responsable” de todo un inmueble, dijo Shiver. “Quiero pintar y aprender a preparar fideos ramen. Y si se acaba el papel aluminio, ahí hay más” sin tener que ir a comprarlo.

 
Carla Shiver y su perro, Stanford, en la unidad habitacional del dormitorio de la calle Mission

El “gerente comunal” de Starcity (el encargado del edificio) se involucra mucho en los asuntos de la residencia; entrega kits de cuidado personal cuando alguien está enfermo y organiza fiestas de cumpleaños. Si los inquilinos contratan servicios premium, Starcity se encarga de lavar su ropa por 40 dólares al mes, hacer el aseo de la habitación por 130 dólares a la semana e incluso organizar el cuidado diario de los perros.

Muchos residentes no consideran que vivir ahí sea una opción temporal. “Nunca pensé poder vivir así”, dijo Shiver. “Pero mientras más tiempo vivo aquí, más libre me siento”.

Dijo que no cierra con llave la puerta de su habitación ni lo ha hecho desde que se mudó y que, cuando regresa del trabajo, normalmente algún vecino ya llevó a su perro a la sala de estar compartida. Mencionó que apenas piensa sobre el asunto del baño compartido, en parte porque nunca ha hecho fila para las regaderas, y considera que quienes viven en el edificio ya son como una familia.

Una vida compartida

El desarrollo de Starcity en la calle Mason antes era un hotel residencial que atendía a gente de escasos recursos y sin hogar en el vecindario Tenderlion. Pronto serán 71 unidades estilo dormitorio.

Tenderloin, un vecindario tradicionalmente diverso de clase trabajadora, con una gran escena artística y una considerable población de personas sin hogar, se ha ido gentrificando lentamente, lo que ha causado tensiones. Una mañana hace poco, afuera de la zona de construcción, había agujas usadas y varias tiendas de campaña.

Dishotsky caminó por la sala de estar de 232 metros cuadrados del primer piso. El sótano será una cocina comunal, con una fila de refrigeradores de tamaño industrial. Lo único que la gente necesita realmente hacer sola es dormir, dijo.

“¿Qué cosas puedes hacer con otras personas? Comer, tomar vino, ver la televisión”, dijo. “No necesitas hacer eso solo en tu casa, así que, ¿por qué pagar para tener eso?”. En un inicio cuando Dishotsky intentó obtener un préstamo bancario para promover su nuevo tipo de vivienda simplificada, lo rechazaron cuarenta veces. “Pensaban: ‘¿quién querrá vivir así?’. Y nosotros decíamos: ‘Cualquiera. Es gente normal, ¿saben?’”.

Los residentes de Mission House en la cocina comunal durante la “noche de vino” 

Una fiesta de cumpleaños

Una noche en la casa de Starcity en Mission, Rachel Haltom, de 22 años, una ejecutiva de cuentas del sitio web de reseñas Yelp, horneaba un pastel de cumpleaños junto con Steph Allen, de 24 años, quien planea cuántas prendas ordenar en una tienda de ropa para un compañero del edificio. Se les unió Chris Maddox, de 27 años, un escritor.

Antes de Starcity, Maddox pagaba 4100 dólares mensuales por un apartamento de una habitación. Pasaba prácticamente todo su día en el trabajo, como director ejecutivo de Seneca Systems, una empresa emergente que proporciona software a los gobiernos locales. Lo que quería era ser escritor. Ahora paga 1900 dólares al mes por una habitación con una cama, un tocadiscos y un librero desbordado.

Katherine McKim, de 37 años, llegó a la cocina con su perrita, Zoey, quien saltaba por toda la cocina. McKim trabajaba para Penguin Random House en Nueva York, pero siempre había admirado la editorial Chronicle Books, con sede en San Francisco, así que cuando se divorció de su marido, empacó y se mudó (hay una cantidad considerable de divorciados en Starcity).

“Todo el mundo me decía que las viviendas en San Francisco eran muy caras, pero yo pensaba: ‘Vivo en Nueva York, ¿cuánto más caro puede ser?’. Era un poco arrogante”, dijo. Ahora, por 2050 dólares mensuales, tiene espacio para una camita para Zoey, una cama grande para ella, un televisor, un minirefrigerador y un lavabo.

Cada dos miércoles es “noche de vino”. Algunos martes hay “noche de yoga y té de kombucha”. El 14 de febrero fue “día de los amigos”, una celebración que planeó y ofreció Starcity. “Ya no tienes que hacer planes porque alguien más ya los pensó”, dijo Migerta Ndrepepaj, de 25 años y quien trabaja como mesera en un hotel cercano. “Y puedes vivir con tus mejores amigos”.

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