Por qué el coche sin conductor aún no es 100% seguro

Un vehículo de la empresa de transportes Uber ha protagonizado el primer atropello mortal de un coche autónomo. Aunque en su interior iba un operador humano, el coche se encontraba circulando en modo autónomo y ha atropellado a una mujer en Tempe (Arizona). Uber estaba efectuando pruebas de vehículos autónomos en Pittsburgh, San Francisco, Toronto y las cercanías de Phoenix (Arizona), aunque, tras el incidente, ha anunciado la suspensión el programa, sobre todo, hasta que el suceso sea investigado.

Pero no es la primera vez que algo así sucede. En marzo del año pasado, un Volvo XC90 de Uber ya protagonizó un accidente en la misma localidad de Arizona. Parece que el coche autónomo ha llegado, pero todavía necesita superar demasiados puntos negros para ser una verdadera realidad. ¿El principal inconveniente? Un coche y una persona no afrontan la conducción de la misma manera. Otro punto negro de calibre a superar será, previsiblemente, su elevado precio de venta al público, al menos durante los primeros años. Finalmente, y quizás el más importante: el coche autónomo presenta fallos en la conducción nocturna, con lluvia, nieve y niebla. Y aunque parezcan ya demasiadas trabas en el camino del coche autónomo, todavía hay más.

Procesar la información

Uno de los primeros puntos negros a superar tiene que ver con la capacidad de registrar y procesar grandes cantidades de información en tiempo real. Una información que capta a través de centenares de sensores y cámaras. Y es que el vehículo tendrá que ser capaz de transmitir esa información y de recibir el contenido recabado por otros coches autónomos, además de los elementos de la vía como los semáforos y los guardarraíles, por ejemplo.

Y para que esta circunstancia se de es necesaria la llegada de una red de transmisión más potente: la 5G. Esta se ha presentado en el Mobile World Congress, cuya capacidad de transmisión de datos es 1.000 veces superior a la actual 4G con una latencia hasta diez veces inferior, y en la que las principales marcas están trabajando, sobre todo, para reducir los espacios sin cobertura que todavía son demasiados. Asimismo, para conseguirlo, el coche autónomo tendrá que ser capaz de funcionar de manera segura.

Antes que las normas

Los coches autónomos han llegado antes que las normas. Una situación que crea un vacío legal en el que se ven implicados muchos actores. De hecho, no solo se trata del ritmo lento al que evolucionan dichas leyes, si no que cada país tiene derecho a establecer sus propias normas y leyes para regular la llegada del coche autónomo y su utilización. Por lo tanto, sin una normativa que defina claramente todos los aspectos legales a tener en cuenta, caso de la responsabilidad de un accidente y que afecta directamente a cómo se define el seguro del coche autónomo o que describa el papel de los pasajeros en este tipo de vehículos, no podrán compartir la vía con el resto del tráfico.

Es más, en la actualidad, todos los coches autónomos que existen en pruebas requieren de un conductor humano atento para coger los mandos en caso de peligro. La idea es que los coches autónomos alcancen el nivel 5, es decir, que dichos vehículos no precisen de la intervención humana. Ni siquiera necesitarían mandos al volante ni pedales. Pero estos vehículos circularían al mismo tiempo que los demás. Y ahí está el quid de la cuestión. ¿Cómo conciliar ambas «conducciones»?

Tanto las leyes generales como la normativa de coches autónomos deberán ser homogéneas y compatibles entre estados y diferentes países. Una simple formalidad legal podría dar al traste con cualquier tipo de pruebas en tráfico abierto así como un negocio con este tipo de vehículos.

Seguridad vial

La implantación definitiva del coche autónomo necesitaría también su regulación en materia de seguridad vial, y más concretamente, en lo concerniente a los seguros. Estos vehículos recorren carreteras previamente programadas para lo que requieren de una completa reproducción cartográfica del terreno. No obstante, cuando una calle no aparece o incluso si entra en obra temporal o cuando el asfalto es irregular, el coche autónomo ya no podría avanzar de manera coherente y normal. Además, las marcas viales y las señales de tráfico no están perfectamente conservadas, y esto conlleva problemas para que el coche autónomo las pueda reconocer correctamente, sin poner en peligro la seguridad de los ocupantes de la vía.

En concreto, marcas y conductores deberán aclarar quién sería la parte responsable en caso de accidente. Sobre todo porque los primeros consideran que deberá ser el propietario de quien dependa la póliza en caso de accidente, los conductores estiman que al no tener el control de la conducción, será el propio fabricante quien deberá solicitar la cobertura de daños a terceros obligatoria.

Aptitud para tomar decisiones

Si existe un gran recelo de las capacidades del coche autónomo, este pasa por la aptitud de un coche autónomo para tomar decisiones por el ser humano. Los órganos y sentidos del hombre serán «sustituidos» en estos automóviles por avanzadas tecnologías que, a decir de los más escépticos, aún tienen que demostrar su valía en la toma de decisiones clave, sobre todo en momentos críticos.

El hecho, como señala el portal SINC, es que ante riesgo de accidente los programas informáticos de este tipo de vehículos toman decisiones que, por ejemplo, tienden a sacrificar a sus pasajeros si hay un riesgo de atropello de peatones. Y muy pocas personas estarían dispuestas a comprar un coche que no anteponga su seguridad, sobre todo viajando con la familia.

De hecho, Bonnefon, junto a sus colegas Azim Shariff, del departamento de Piscología de la Universidad en Oregón, e Iyad Rahwa, del Media Lab del MIT, han realizado un estudio sobre el dilema social de los coches sin conductor. Y es que que los coches autónomos primen al peatón, «pueden causar más daño que beneficio», indica. «Tal vez se salven algunas vidas gracias a los algoritmos utilitarios, pero habrá menos gente dispuesta a comprarlos o usarlos, lo cual a la larga será negativo porque estos vehículos pueden eliminar hasta un 90% de los accidentes de tráfico», añade.

En el punto de mira de los ciberdelincuentes

La ciberseguridad del coche autónomo preocupa, y mucho. Los ataques informáticos afectan al cine, a las productoras, a las grandes empresas… por lo que el mundo de la automoción no es ajeno a esta realidad. De hecho, ya se han dado a conocer casos de personas que han conseguido acceder al control remoto de un vehículo equipado con sistemas de conectividad. Los riesgos van desde el robo de contraseñas, la apertura y cierre remoto de puertas, la localización del coche y, en el peor de los casos, el control físico del coche.

Asimismo, tal y como indica un estudio elaborado por la Federación Internacional del Automóvil (FIA) y adelantan desde el RACE, el posible pirateo del coche conectado está entre las preocupaciones de 9 de cada 10 personas. Y no es para menos cuando un informe del FBI advertía que los coches autónomos podrían ser utilizados por delincuentes como armas letales y para casos de secuestro. Los fabricantes tienen mucho trabajo por delante para solucionar cualquier vulnerabilidad que pueda surgir en caso de sufrir un ciberataque. Aunque hay que tener en cuenta que, al igual que los coches evolucionan, los hackers perfeccionan sus estrategias.

SurCARIBE, con información de -abc.es-

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