Escasez de agua eleva los precios de cisternas y botellones en Caracas

En la Venezuela del colapso económico hasta conseguir agua para su consumo diario y a buen precio se ha convertido en una odisea. En medio de una fuerte sequía y de los problemas crónicos que sufren familias de todas las clases sociales para obtener el servicio de acueductos, se disparan los precios de cargas de camiones cisternas y de botellones. En Carabobo y Vargas la crisis del agua mantiene en jaque la vida de los ciudadanos, quienes pagan precios de exabrupto para poder tener un servicio continuo, pues  muchas veces pasan hasta un mes sin agua corriente.

Ahora, las urbanizaciones de Distrito Capital se suman al drama que desde hace años padecen las populosas barriadas pobres de las colinas que rodean a la capital. En Caracas, una garrafa de agua de 5 litros cuesta Bs 700 mil, lo que equivale al ingreso mínimo por mes que percibe un tercio de los asalariados formales. Una botella de  1.5 litros ronda los Bs 400 mil, un precio que a juicio de Ximena Rubín es “abrupto”. Ella prefiere tomarse una lata de refresco por 350 mil bolívares. “Es agua ¿Cómo puede costar tanto?”.

En la avenida Casanova, a una cuadra de donde está Ximena hay un local para llenar botellones de agua filtrada. Hay una larga cola y los clientes llevan sus recipientes, la mayoría de 19 litros. Víctor Velásquez llevaba tres. Prefirió comprar ahí porque es más económico y confiable. La de 19 litros cuesta Bs 80 mil, mientras que la de cinco Bs 40 mil. Son precios mucho más solidarios que los que cobran por los mismos botellones con agua de manantiales, la llamada “mineral”, transportada en camiones.

Velásquez relató que diariamente llegan filas de camiones cisterna para llenar los tanques del negocio. Estas aguas son tratadas en pequeñas plantas. Este tipo de negocios ha proliferado en la capital y las distintas ciudades grandes y pequeñas del interior del país, producto de la escasez del servicio y las constantes denuncias de agua contaminada.

El cliente destacó que en la avenida Casanova, por ejemplo,  es mucho más económico que en locales ubicados en la zona residencial de Santa Mónica. “Lo mejor es que tienen punto. Los camiones a pesar de ir a tú casa te piden efectivo y ¿De dónde saca uno doscientos mil bolívares hoy en día si no hay plata?”.

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El negocio de los camioneros de agua no es tan rentable como antes. Cerca de la estación del metro de La Hoyada, en el centro de Caracas, un camión repartidor de agua estaba estacionado. Su dueño, Wilfer Sánchez repartía el producto en los edificios y locales de la zona por 200 mil bolívares, son 250 menos que lo que cuesta una botella de 1.5 litros marca Minalba.

Es una lógica difícil de entender, pero buena parte del costo es el envase plástico no retornable, hecho con resinas importadas. “Antes vendía tres por persona, ahora es uno y de broma”. Su camión carga con 476 botellones y a las 11:30 de la mañana ya ha vendido casi todo. En los 16 años que lleva repartiendo agua nunca le había ido tan mal. “Esos negocios de los chorritos nos tienen quebrados. Venden más barato y eso nos afecta”, dice sobre la competencia de los llenaderos.

Un botellón de plástico de 19 litros cuesta alrededor de cuatro millones, según el trabajador y la tapa plástica 30 mil. Ese envase retornable vale lo mismo que mes y medio de trabajo de un obrero, o lo mismo que  un kilo de carne. “No podemos vender al mismo precio que ellos. Gastamos en gasolina y repuestos para el vehículo ¿Cómo hacemos?”, se preguntó.

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Una de las clientas de Wilfer, Elida Rincón, denunció que su edificio lleva meses sin agua. “Esto es inaudito, tenemos que gastar en camiones cisternas y algunas veces me baño con agua mineral”. Los camiones cisternas se han vuelto cada vez más necesarios para el caraqueño, así como para los habitantes de populosos estados como Carabobo y Vargas.

En los distintos llenaderos de la ciudad las colas superan los 40 vehículos, como en La Trinidad, en donde se agrupan los de la Cota Mil y Macarao, porque según Carlos Álvarez están cerrados desde hace un mes y medio. Muchos madrugaron para llenar los 10 mil litros de agua por un costo de 800 mil bolívares que cobra el establecimiento a cargo de la Alcaldía de Baruta.

Recientemente el gobierno anunció que los llenaderos, alimentados con manatiales que descienden de la montaña El Ávila,  en el norte de la ciudad, iban a ser tomados por militares, para evitar la especulación. Los camioneros la venden entre Bs 30 y 40 millones, dependiendo de la distancia que tengan que recorrer.

Impelidos por la escasez de agua, los vecinos de La Trinidad -en el sureste- acuden a un llenadero de la zona debido a que es gratuito. Agarran una manguera y se abastecen. Así hace Remigio Cárdenas, quien desde hace un año compró una bomba para no sufrir los embates del racionamiento. En la vasta mayoría de los edificios de Caracas el líquido llega con suerte durante un par de horas al día.

El costo de un tanque varia según la cantidad de agua que contengan. Los de 900 litros van desde Bs 90 millones hasta los Bs 120 millones, mientras que los de 500 litros rondan los Bs 65 y 80 millones, según el establecimiento. Son cifras lejos del alcance de un ciudadano promedio.

Las bombas por su parte cuestan Bs 50 millones, y los hidrocompactos Bs 121 millones, equipados con el pulmón y el manómetro. En el caso de un venezolano que gana salario integral (dos millones 555 mil bolívares) conformarse con un balde de agua para asearse es su única opción.

SurCARIBE, con información de -elestimulo.com-

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