La trampa está montada, por Víctor Maldonado

No hay normalización democrática posible mientras sigan vigentes la injusticia, la impunidad represiva y la arbitrariedad constituyente. No habrá normalización económica mientras continúe el plan de la patria, el horror del socialismo del siglo XXI, la indisciplina fiscal y la pavorosa corrupción. Represión y destrucción son dos caras de la misma moneda de curso corriente en nuestra maltratada Venezuela.

Pero el régimen sabe que juega una ecuación que nunca le va a cuadrar a favor. Tiene claro que la represión le resta legitimidad y también tiene conciencia de que está experimentando los rendimientos decrecientes de una economía que se ha convertido en su peor enemiga. Y no dejan de llover malas noticias. Las sanciones políticas y los mercados se han confabulado para organizar un bloqueo a cualquier posibilidad de seguir actuando abusivamente. E internamente ha caído en el más absoluto descrédito. Aun así, es poco lo que puede hacer porque una tiranía no puede dejar de serlo sin derrumbarse. No le queda otra alternativa que “morir con las botas puestas”.

Pero puede reciclarse. En eso consiste la liberación de los presos políticos. Salen del oprobio de las cárceles venezolanas para quedar, muchos de ellos, condicionados a unas medidas cautelares que exigen silencio y compostura. Con esto no se acaba la represión. Siguen muchos perseguidos en las mazmorras, otros continúan siendo víctimas de la persecución, pero lo peor de todo es que continúan vigentes las condiciones de injusticia y abuso que caracterizan a los policial-socialismos. Nada ha cambiado sino la rotación que se produce a través de las puertas giratorias de la represión política.

El régimen sabe que se excedió. Necesita un aire de normalización lo suficientemente creíble para evitar la velocidad y la intensidad de las sanciones. Actúa taimadamente para lograr estabilizar esa ganancia espuria que significó el inmenso fraude del 20 de mayo. ¿Cuánto esta dispuesto a pagar para que le reconozcan esa parodia electoral? ¿Cuánto esta dispuesto a conceder para que una fracción de la oposición (la complaciente y colaboracionista) deje de insistir en ese punto y se dedique a otra cosa?

La oposición colaboracionista es experta en la confusión. Piden a la tiranía que haga elecciones, celebran que la tiranía afloje algunos presos políticos, conceden una y otra vez el beneficio de la duda luego de veinte años de evidencias. Esta oposición es experta en aflojar cada vez que estamos llegando a un punto de quiebre. Lo de ella es una nueva versión de “la era de acuario”, psicodélica, alucinada, y llena de fatua hermandad y amor falsario, experiencias extremas que solo ellos sienten, porque los demás estamos sobreviviendo a los efectos de una tiranía en acción. Los demás vivimos en el plano de una realidad atroz. Ellos viven en otro plano, el de las fantasías exóticas y las creencias extremas. Ese error de composición continuo y sistemático les hace incurrir en errores políticos imperdonables, propios de una estupidez política irreversible.

El error más reciente ha movido a unas organizaciones defensoras de DDHH a solicitar que se atenúen y reconsideren las sanciones financieras. Según ellos “no es moralmente aceptable, o políticamente efectivo utilizar el sufrimiento humano generalizado como una táctica para ejercer presión sobre el gobierno venezolano”. Esas organizaciones no gubernamentales que suscribieron ese comunicado bajo el paraguas de wola.org no caen en cuenta de la causa raíz de los problemas venezolanos. No es, como ellos proponen, que seamos víctimas de las sanciones. Sino que esas sanciones son el resultado de que el régimen haya convertido en víctimas a todos sus ciudadanos, haciendo oídos sordos a todos los llamados a la cordura que desde la OEA y países democráticos le hicieron constantemente. Tampoco es cierto que se hayan instrumentado sanciones al país, porque se ha concentrado en una nómina de dirigentes del régimen, y sus testaferros. Y por supuesto, impedir que siga el saqueo a los recursos del país. Claro está, la izquierda exquisita y falsamente humanitaria no quiere entrar en esos detalles.

Así como tampoco la oposición redimida por el régimen quiere dejar su agenda. Ellos siguen insistiendo en cursos de acción que le concede tiempo al régimen y a ellos innegables beneficios pecuniarios. Entre unos y otros, las ONG´s que humanitariamente piden un “taima” para el régimen, y esa oposición perversa, nosotros hemos estado entrampados. Ellos hacen perder de vista quienes son las verdaderas víctimas, y quien es el verdadero victimario. Ellos no quieren reconocer que mientras siga vigente el socialismo del siglo XXI no va a haber enmienda a la pobreza, la ruina económica y la persecución política. Ellos no quieren admitir que solamente por la vía de las sanciones el régimen aflojó a ese puñado de presos políticos. ¿O es que a alguien se le ocurre que el régimen accedió a las peticiones de Bertucci o Pedro Pablo Fernandez? ¿Alguien le da crédito a las “fianzas” otorgadas por los “gobernadores” adecos”? Todos ellos son fuego de artificio para darle aires de verosimilitud a una trama montada desde el régimen para parecer complaciente, compasivo y democrático. Y esa es la trampa.

La trampa es aparentar lo que no es. Es jugar, por ahora, al repliegue táctico con el fin de distraer la atención de lo esencial y tratar de espaciar la intensidad de las sanciones internacionales. En ese sentido, los que juegan a favor del régimen son cómplices de sus delitos contra la humanidad de los venezolanos y contra la estabilidad de la república. El régimen quiere que olvidemos el socialismo y sus destrucciones. Quiere que no recordemos que está vigente la espuria asamblea constituyente, que son ellos los que la mantienen por la vía de los hechos, y la usan con criterio de dueño de meretriz. Ellos aspiran a que nosotros no caigamos en cuenta del inmenso descontento en las FFAA, y que no apreciemos el descalabro de la administración pública.

Esas ONG´s abonan a las falacias fabricadas por el régimen. El descalabro económico y la brutal caída del producto interno no es causa de las sanciones, son la razón por la que la comunidad internacional está preocupada y miran con estupor la crueldad subyacente al esfuerzo de destrozar al país y a sus habitantes. Ellas no lo ven porque son parte del sistema que mira con complacencia y sin discernimiento las escaladas de la izquierda, encumbrada en falsos altares, imposible de violar por ellos, sus más conspicuos cómplices.

Aquí en Venezuela la tragedia continúa invicta a pesar de los giros tácticos del régimen. Sería una tontería aflojar una vez más. Pero la trampa está montada. De un lado operan los falsos humanistas, que prefieren el sufrimiento del venezolano a la caída de un régimen socialista. Del otro opera la falsa oposición que pretende simular una falsa normalidad con miras a negociar una entente con el régimen donde se cocine de todo: falsos diálogos y falsas elecciones. En esas componendas sobra la plata sucia y escasea la honradez. Una fiera no deja de serlo porque alguna vez decida jugar con sus presas en lugar de devorarlas de una buena vez.

A los venezolanos nos toca seguir pendientes y atentos, con mucho foco en la realidad. Y la realidad lo que nos dice es lo siguiente:

  1. Que este socialismo es una tiranía que nunca se va a degradar en democracia imperfecta.
  2. Que esta tiranía se sirve de las instancias de gobierno y de una parte de la oposición.
  3. Que los resultados de este socialismo son ruina, represión y colapso.
  4. Que vivimos tiempo de quiebre, porque las tendencias conspiran contra la estabilidad del régimen.
  5. Que, por eso mismo, por debilidad inmanente, el régimen quiere fingir una normalización del país. Pero es apariencia sin esencia.
  6. Que las bases del régimen continúan allí: el modelo económico, la asamblea constituyente, la incondicionalidad del TSJ y del Poder Moral, el alto mando militar, y los patrocinantes y beneficiarios de la impunidad y la corrupción. Y el uso indiscriminado y cruel de la represión.
  7. Que el régimen no tiene legitimidad ciudadana y tampoco reputación internacional.
  8. Que solamente mediante una perfecta alineación entre los esfuerzos nacionales y las sanciones internacionales ocurrirá la debacle de la tiranía.
  9. No habrá salida fácil. Requiere de fortaleza democrática, resiliencia personal y claridad política. Por eso mismo es preferible la claridad al presuntuoso unanimismo.
  10. Son tiempos de opciones claras. No se puede ser tibio. Ni estar jugando en dos tableros a la vez. Venezuela es un país, no un casino.

Son tiempos para actuar con convicción, sortear los obstáculos, evitar a los tramposos y conjurar las trampas. El camino correcto no es fácil, pero es el único que garantiza una oportunidad para la libertad.

Víctor Maldonado

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