La «relación especial» entre el gobierno de Donald Trump y la empresa Boeing

«Que Dios bendiga a Boeing». Con esta frase, el presidente Donald Trump quiso dejar claro su apoyo sin fisuras al fabricante estadounidense de aviones comerciales y militares durante una visita en 2017 a su fábrica en North Charlestone, Carolina del Sur. Y lo cierto es que el buen posicionamiento del gigante aeronáutico en el gobierno de Estados Unidos está fuera de dudas.

Solo en los últimos seis meses, Boeing ganó tres concursos multimillonarios del Departamento de Defensa. Y en cartera ya tiene otros proyectos de aeronaves militares para el Pentágono que no están exentos de polémica. En este escenario, el hecho de que Trump nombrara como nuevo secretario de Defensa a un ex alto cargo de Boeing no tardó en generar duras críticas.

Patrick Shanahan, de 56 años y quien nunca ha servido en el ejército, asumió su cargo como jefe del departamento en funciones el pasado 1 de enero. Lo hizo tras la dimisión de Jim Mattis a finales de diciembre por discrepancias con Trump, especialmente sobre la retirada de las tropas estadounidenses de Siria. Shanahan, quien era hasta ahora subsecretario de Defensa, ya vio cómo su nombramiento a mediados de 2017 causaba controversia.

Durante su proceso de confirmación ante el Senado, el republicano John McCain dijo que tener a un exdirectivo de la industria aeronáutica en el Pentágono era como «meter a un zorro en un gallinero». «Tiene un largo currículo lleno de éxitos. Será fantástico», dijo Trump al anunciar el nuevo cargo de Shanahan, que al tratarse de un puesto interino no necesita de la confirmación del Congreso.

Pero ¿a qué se debe la aparentemente creciente presencia de Boeing en programas del Pentágono? Y por otro lado, ¿podría ejercer Shanahan algún tipo de influencia a favor de su excompañía en el futuro?

Donald Trump y Patrick Shanahan
Patrick Shanahan participó en su primera reunión de gabinete junto a Donald Trump en la Casa Blanca el pasado 2 de enero.

«Relación especial»

La buena relación entre el actual gobierno y Boeing no es nueva. Ya desde el inicio de su mandato, Trump dedicó guiños públicos a la empresa.

«Basado en los enormes costos y sobrecostos del F-35 de Lockheed Martin [el gigante aeronáutico estadounidense considerado gran rival de Boeing], le he pedido a Boeing un ajuste de precios en un F-18 Super Hornet comparable», tuiteó poco después de ser elegido presidente.

«Vamos a reconstruir por completo nuestras fuerzas militares. Por cierto, ¿les importa si utilizamos los F-18 Super Hornets?», dijo Trump en su visita a la planta de Boeing en North Charleston. «Estamos pensando seriamente en un gran pedido. El problema es que Dennis es un duro negociador, pero creo que llegaremos a un acuerdo», agregó.

Trump se refería a Dennis Muilenburg, CEO de Boeing con quien tiene una relación personal y con quien negoció directamente para acordar el pasado febrero la construcción de dos nuevos Air Force One por US$3.9000 millones.

«Trump tiene una extraña fijación con el Super Hornet», le dice a BBC Mundo Richard Aboulafia, vicepresidente de Teal Group, una empresa estadounidense de análisis del mercado aeroespacial y de defensa. «El Super Hornet es un 40% más barato que el F-35 A, pero nunca tendrá sus capacidades», agrega el experto, quien califica de «relación especial» la existente entre el gobierno actual y Boeing.

La pasada primavera, la Armada aprobó la compra de 100 nuevos Super Hornet, si bien es cierto que este cuerpo es el único que históricamente ha preferido este modelo frente al F-35, al contrario que la Fuerza Aérea o los Cuerpos de Marines.

¿Cambio de estrategia de las Fuerzas Armadas?

Boeing ganó tres importantes concursos del programa militar estadounidense en los últimos meses: el del T-X como entrenador avanzado de la Fuerza Aérea, el del MQ-25 para reabastecer de combustible los aviones de la Marina y el del helicóptero de la Fuerza Aérea MH-139.

Ahora, según informó Bloomberg, el Pentágono planea incluir en su próxima propuesta de presupuesto al Congreso US$1.200 millones para comprar una docena de los F-15 X de Boeing. Se trata de la última versión de este caza que se estrenó a principios de los 70, y que se enfrentará así al F-35 de Lockheed Martin por lograr los recursos de la Fuerza Aérea.

La noticia no fue confirmada por el Departamento de Defensa porque asegura estar aún en la fase de elaboración del presupuesto, pero tras la información de Bloomberg fueron varios medios estadounidenses los que se hicieron eco de la iniciativa citando distintas fuentes.

La revista Foreign Policy, por ejemplo, publicó que la idea del F-15 X «está siendo forzada en la Fuerza Aérea» por altos funcionarios del Pentágono. Asimismo, fuentes citadas por este medio aseguran que este caza no tiene sentido para las fuerzas armadas desde un punto de vista económico.

«En términos de carga útil y velocidad, el F-15 es un modelo de primera clase. Pero no es en absoluto sigiloso, por lo que la Fuerza Aérea se opone firmemente a esta idea», dice Aboulafia.

«El F-15X parece una actualización del F-15C/D que le otorga algunas características de quinta generación, aunque no puede moverse sin ser detectado», destaca también Mark Cancian, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington (CSIS, por sus siglas en inglés).

F-15
Analistas destacan que el F-15 de Boeing no es sigiloso en sus movimientos como una de las principales desventajas frente al F-35 de Lockheed Martin.

El asesor sénior del programa de seguridad internacional del CSIS duda que la Fuerza Aérea considere seriamente esta opción, dado que en 1990 decidió alejarse de los aviones de cuarta generación y apostar por la quinta generación de F-22 y F-35.

«Si considerara seriamente un F-15X, eso sería un cambio importante en su estrategia. Pero podría ser solo una forma de presionar a Lockheed Martin para mejorar el rendimiento y reducir el costo de su F-35″, le dice a BBC Mundo.

Conflicto de intereses

No existe ninguna prueba que indique que Boeing haya recibido un trato de favor en las convocatorias del Pentágono, pero analistas coinciden en que las últimas tendencias hacen necesario un especial seguimiento de los procesos. El Pentágono ha recibido críticas de grupos de sociedad civil en los últimos años que consideran que existe una especie de «puerta giratoria» entre el Departamento de Defensa y el sector privado.

Según un informe publicado en noviembre por el Proyecto de Supervisión Gubernamental, más de 380 altos cargos de Defensa acabaron trabajando durante la última década en Boeing, Lockheed Martin y otras empresas contratadas habitualmente por el departamento.

En el caso del recién nombrado secretario de Defensa interino, sus portavoces insisten en descartar cualquier tipo de injerencia y de influencia tras sus más de tres décadas trabajando en Boeing. «En virtud de su Acuerdo de Ética, el señor Shanahan se ha desvinculado de participar en asuntos en los que Boeing sea parte durante su servicio en el Departamento de Defensa «, dijo su vocero, Joe Buccino.

«Hay obvios conflictos de interés potenciales. Por ello se abstuvo de ciertas decisiones para evitar una conducta inapropiada y así debería hacerlo en el futuro», le dice a BBC Mundo Peter Feaver, profesor de la Universidad Duke (EE.UU.) y especialista en relaciones civiles-militares. «Pero en ningún caso creo que esto sea una amenaza para el buen funcionamiento del departamento. es una preocupación que se puede gestionar fácilmente», agrega.

Cathal Nolan, especialista en historia militar y profesor en la Universidad de Boston (EE.UU.), coincide en considerar acertada la desvinculación de Shanahan de las decisiones que afecten a Boeing.

«Corresponde al Congreso juzgar si existe algún conflicto de interés con su pasado en Boeing. Por lo que mi principal objeción es que al nombrar a un jefe ‘en funciones’, Trump está evitando ese proceso de confirmación por parte de los congresistas», le dice a BBC Mundo.

¿Existe entonces alguna estrategia definida por parte de Boeing para lograr contratos tan importantes por parte del Pentágono? «Mucho se debe al uso de sus beneficios en el auge de la rama de aviones comerciales para cubrir las pérdidas iniciales que tuvieron algunos contratos de defensa», afirma Aboulafia, de Teal Group.

«Solo los programas comerciales pueden dar a los proveedores los volúmenes que necesitan para mantener su competitividad. Así, Boeing puede ofrecer precios más bajos gracias a su mayor poder de compra», agrega. Los ingresos en 2017 del área comercial de Boeing fueron de más de US$56.000 millones frente a los US$21.000 millones de la rama militar.

El crecimiento en el mercado de aviones comerciales es lo que permite a Boeing, según el experto, considerar «una preocupación poco importante» retrasos como el que siguen sufriendo sus aviones cisterna KC-46. La demora en estos modelos, que debían haber sido entregados a la Fuerza Aérea a mediados de 2017, le ha costado ya a Boeing más de US$3.000 millones.

Un secretario de Defensa sin experiencia en las Fuerzas Armadas

El nuevo jefe del Pentágono, Patrick Shanahan, estudió Ingeniería Mecánica en la Universidad de Washington. Durante sus más de tres décadas en Boeing, fue responsable de logística y operaciones, así como también vicepresidente y gerente general de su Sistema de Defensa de Misiles.

Pero al margen de un potencial conflicto de intereses por su pasado en la empresa privada, hay otro factor en su currículo que también le acarreó críticas: su ausencia de experiencia en el ejército. «Servir en el ejército dista mucho de ser necesario para este trabajo, pero conocer los límites de la fuerza militar y las necesidades de las alianzas globales es algo que tendrá que aprender», opina Aboulafia.

«Shanahan sabe mucho de negocios y de cómo dirigir una organización eficientemente. pero no sabe de estrategia y diplomacia». El profesor Peter Feaver coincide en que la experiencia militar previa puede ser positiva pero no un requisito, y apunta a que el secretario de Defensa debe ser visto «como un civil».

«Cuando los militares de alto cargo (en activo o recientemente retirados) desempeñan funciones políticas, se difumina una línea que debería ser clara: la de que el ejército en activo no debe asumir una posición política», afirma.

Mark Cancian, del CSIS, destaca su falta de experiencia en el trato con la Casa Blanca, el Congreso, los aliados o la comunidad de inteligencia. «Creo que hará un buen trabajo como secretario en funciones, continuando con las prioridades de Mattis y terminando el trabajo sobre el presupuesto para el año fiscal 2020». «Pero no creo que fuera una opción fuerte como secretario de Defensa tras esta etapa provisional como interino», afirma.

En su primer día en el cargo, Shanhan aseguró que había sido «un privilegio» ser subsecretario de Mattis por quien guardaba «un profundo respeto», pero afirmó estar preparado para trabajar con Trump «para llevar a cabo su visión junto a líderes fuertes».

El nuevo titular de Defensa tiene grandes retos por delante. Entre otros, deberá dirigir la retirada de los 2.000 soldados estadounidenses desplegados en Siria, una salida parcial de tropas de Afganistán y gestionar el impacto de estas medidas en ambos países. «Usted (dirigido a Donald Trump) tiene derecho a un secretario de Defensa cuyas visiones sean más semejantes a las suyas», dijo Mattis en su carta de despedida.

Daddy Lluka, con información de -BBC Mundo-

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