Pobre de aquel venezolano que no pueda EMIGRAR, que “el señor” lo agarre confesado

Con hospitales que carecen incluso de jabón, una “tormenta perfecta” de mala higiene, pacientes desnutridos y escasez de medicamentos ha dejado a las familias afligidas y los expertos temen un colapso total. En el polvoriento asentamiento de ocupantes ilegales en el que pasó su corta vida, a Victoria Martínez se la recuerda como una niña vivaz y amante de la danza que derramó “buenos días” a todos los que conoció.

“Dondequiera que iba, esta chica era una explosión de amor”, dice su padre, Misael. En agosto, apenas unos días antes de su cuarto cumpleaños, su vida tuvo un final repentino y prematuro. “Papi, sácame de aquí”, recuerda Misael que su hija le rogó que la llevaran a cuidados intensivos, que vomitaba sangre luego de contraer una infección bacteriana mortal.

Horas más tarde Victoria murió, otra víctima más del tsunami político y económico que envuelve a la que fue una de las naciones más desarrolladas de América Latina; ahora en manos de una banda de criminales ladrones y narcotraficantes.

 

Los padres de Victoria Martínez, Misael Martínez y Raquel Fuentes, afuera de su hogar en una barriada de la ciudad venezolana de Barquisimeto. Fotografía: Tom Phillips para el Guardián.

“Como padres todavía no hemos superado esto”, admite su padre de 28 años, quien cree que fue infectada mientras estaba siendo tratada por leucemia en el hospital pediátrico de Barquisimeto, la cuarta ciudad más grande de Venezuela “Fue devastador para nosotros”.

Según los activistas, Victoria es una de 25 niños que han muerto desde fines de 2016 debido a la bacteria Serratia Marcescens, muertes que atribuyen a una “tormenta perfecta” de hospitales antihigiénicos y carentes incluso de jabón para limpiar las salas; pacientes desnutridos que son susceptibles a la infección, y la escasez crónica de antibióticos.

Su muerte proporciona una instantánea y escalofriante advertencia de los expertos del sistema de salud que se dirige al colapso total. “Queremos que todo el mundo nos escuche”, dijo Carmen Padilla, paciente de hemodiálisis y activista de pacientes crónicos en Barquisimeto. “Venezuela no está sufriendo una crisis humanitaria. Venezuela está en una completa emergencia humanitaria”.

 

Victoria Martínez falleció en agosto a los tres años de edad después de contraer una infección bacteriana en el hospital. Fotografía: Tom Phillips para el Guardián.

 

A pesar de que Venezuela se desintegra, los medios estatales continúan pintando una imagen optimista del sistema de salud del país. Los funcionarios comunican diariamente con elogios los planes de apoyo del partido socialista para las mujeres embarazadas y los pobres. La misma fórmula utilizada en todos los países comunistas durante décadas.

En un video reciente de propaganda se jacta de que “Si hay un área donde se sienten y viven los logros de la revolución bolivariana, es precisamente en el campo de la atención médica, de la cual se excluyó a los hombres y mujeres venezolanos durante tantas décadas”.

El narcodictador Nicolás Maduro afirmó a principios de este año que “La salud de las personas es nuestra prioridad”. Una visita al hospital donde Victoria Martínez pasó sus últimos días sugiere lo contrario. La unidad de quemados está llena de niños pequeños vendados que han tropezado con incendios de leña o han sido quemados por lámparas de queroseno, fuentes cada vez más comunes de combustible y luz.

 

Carmen Padilla, paciente de hemodiálisis y activista de pacientes crónicos en Barquisimeto. Fotografía: Tom Phillips para el Guardián.

En la sala de pediatría, las madres amamantan a bebés demacrados con calcetines colgando de sus pequeños tobillos y con huesos que sobresalen de su carne por no poder hidratarse porque el hospital ni siquiera puede proporcionar un catéter. Uno de los médicos se cuestiona “¿Qué culpa tienen estos niños por haber nacido en la era equivocada?”

Misael Martínez dijo que no culpa a los médicos del hospital por la muerte prematura de su hija pues “la habían tratado como a una princesa”.

Sin embargo, describió las condiciones hospitalarias tan precarias que a su familia se le había pedido que proporcionara no solo sus propios medicamentos, guantes de látex y jeringas, sino también los productos de limpieza y hasta el agua para limpiar la sala de Victoria.

Tom Phillips / The Guardian

 

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