En Venezuela si no eres médico o dentista, no puedes tomar COCA COLA o comerte una galletita MARIA

Cuando un venezolano sale a comprar artículos comestibles, queda horrorizado. En un país donde un sueldo «decente» no supera los 50 dólares mensuales, encontramos que es prácticamente imposible encontrar algún artículo comestible que cueste menos de un dólar por kilo. O sea que el ciudadano venezolano trabaja (en un buen escenario) por 50 kilos de alimento al mes; mientras en países como España, lo hace (en el peor escenario) por 400 kilos de alimento al mes.

Esta situación va empeorando en la medida que la narcomafia gobernante mantiene las fronteras cerradas, no permitiendo que entre mercancía de los países limítrofes, con lo que se podrían abaratar muchos productos. Lo peor de todo, es ver el precio de los productos industrializados en Venezuela, que contrariamente a lo que sucede en los países desarrollados, fueron siempre y lo son hoy, muchísimo más caros que los productos naturales.

Si comparamos lo que cuesta un refresco producido por una trasnacional como COCA-COLA o un pan de molde producido por BIMBO, en un país europeo como España, vemos una diferencia de precio abismal con lo que esos productos cuestan en Venezuela.

Hay que tener en cuenta que la electricidad en España es de las más caras de toda Europa, el litro de gasolina cuesta 1,30 Euros y el salario mínimo es de 900 Euros mensuales (alrededor de 1.015 dólares), a modo de establecer comparaciones con los precios de los combustibles y sueldos en Venezuela.

En el caso del pan de molde, cuesta en Venezuela el triple (o más) por kilo de lo que cuesta en España, y lo mismo sucede con la COCA-COLA. No quiero ni mencionar lo que cuesta en Venezuela un kilo de Avena, porque muchos no creerían su precio, y tampoco quiero mencionar lo que piden por un frasco de Nutela, porque alguien podría sufrir un infarto.

La pregunta de todos nosotros es la siguiente: ¿como una COCA-COLA puede costar más en Venezuela que en España? Sabemos que muchos de sus componentes son importados, pero otros son nacionales, como ser la luz eléctrica usada en su fabricación, o el costo de la gasolina para su distribución; por nombrar solamente alguno de ellos.

Un refresco de 2 litros se vende en Venezuela en más de 3 dólares, mientras que en España la misma botella de dos (2) litros se vende en oferta en 0,925 Euros (1 dólar). Hablando con un ejecutivo que trabaja en la trasnacional, me explicó que la caída de la ventas ha sido brutal pero que no hay mucha competencia en el país; por lo tanto tienen un «mercado cautivo» que puede pagar esos precios escandalosos.

Anteriormente, cuando había competencia y un consumo muy interesante, la política de la empresa era la de ser competitiva y ganar en base al volúmen de ventas. Hoy al no existir ese gran volumen de ventas, y para que la empresa sea rentable, hay que cobrar los productos muy caros; y el que pueda pagarlos los comprará, y el resto se quedará mirando las botellas en los estantes. Lo mismo sucede con el resto de los productos industrializados, llámese pan de molde, galletitas, mermelada, TODDY, etc, etc.

Después de esta conversación, me quedó claro que solamente un pandillero enchufado chavista, un médico o dentista de los que cobran en dólares o un narcotraficante, pueden consumir estos productos; el resto de los ciudadanos deben olvidarse de los refrescos, las galletas MARIA y todo lo demás.

Daddy Lluka

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