Maduro reduce el gasto público a costa de empobrecer a la clase trabajadora

Desde febrero, Ramón Quintero, de 41 años de edad y trabajador del Instituto Nacional de Parques, se dedica en sus días libres a vender café en la calle. Desde tempranas horas de la mañana, recorre Bellas Artes y la parroquia Candelaria sujetando en una mano un termo y en la otra la esperanza de regresar a casa con algo de dinero en sus bolsillos.

Apenas 4.400 bolívares semanales percibe en el ente público, que no le alcanzan ni para comprar 9 huevos; y con los 1.800 bolívares que le depositan una vez al mes en la tarjeta de alimentación ni se atreve a entrar en una panadería mientras camina por el municipio Libertador, pues un ‘sobao’ cuesta 3.500 bolívares. Además, ese monto del bono no cubre ni 0,1% del costo de la canasta alimentaria familiar, que en febrero se situó en 1.272.695 bolívares, de acuerdo con el Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros.

“Es mejor no trabajar para el Estado sino por tu cuenta. Estamos subsidiando al gobierno de Maduro. Prácticamente trabajamos gratis y con las uñas porque no hay dotación de equipos ni uniformes desde hace cinco años. Trabajamos en condiciones infrahumanas. Nosotros mismos hemos tenido que comprar nuestro material de trabajo, como los productos de limpieza, los lapiceros y los cuadernos”, expresó Quintero, cuya jornada laboral en Inparques es de 24×48 –un día completo de trabajo por dos de descanso–.

Hace tres meses, el 14 de enero, Nicolás Maduro anunció desde el Hemiciclo Protocolar del Palacio Federal Legislativo un incremento salarial de 300%, que subió el sueldo mínimo de 4.500 a 18.000 bolívares (medio petro). Fue el tercer aumento que el gobernante decretó desde que puso en marcha el programa de recuperación económica con la entrada en circulación del bolívar soberano.“La clase trabajadora sabe que la revolución no descansa para proteger sus ingresos”, dijo.

Maduro ha anunciado más de una veintena de incrementos desde que asumió la Presidencia. De abril de 2013, cuando subió el sueldo a 2.457 bolívares (0,02 soberanos), a enero de 2019, el gobierno aumentó 73.259.973,26% el ingreso mínimo. Solo el año pasado, el gobernante decretó seis alzas salariales. Por esa razón, sorprende que no haya mencionado otro ajuste ni una sola vez durante los tres últimos meses.

El economista Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica, cree que el gobierno no aumenta el salario por el “ajuste” fiscal que está llevando a cabo al reducir en términos reales el gasto para intentar cerrar un poco la brecha fiscal y que ceda la inflación.

Marlene Sifontes, secretaria de organización del Sindicato Unitario Nacional de Empleados de Inparques, expresó: “Mientras los burócratas, que ostentan el poder disfrazándose de pueblo a través de un discurso, están cada día más gordos y vistiendo ropas elegantes, los obreros andan con harapos y zapatos desgastados. La clase trabajadora vive una desgracia, una situación dramática. El salario no alcanza para comer ni para pagar el pasaje”.

La dirigente sindical señaló que los obreros prefieren días libres en vez de trabajar horas extras los fines de semana y los días feriados, pues así aprovechan para “matar tigritos”, como vender café o cigarrillos detallados en la calle o trabajar como mototaxista.

De 20,8 a 5,4 dólares

Cuando Estados Unidos empezó a construir su primer ferrocarril transcontinental, que unió la ciudad de Omaha con Sacramento en la década de 1860, los obreros irlandeses que fueron a la nación norteamericana a trabajar cobraban un dólar diario. Más de cien años después, en pleno siglo XXI, un trabajador venezolano percibe 0,18 centavos de dólar estadounidense al día en 2019.

En apenas tres meses el salario mínimo se redujo 15,4 dólares por la constante devaluación de la moneda nacional. Cuando Maduro anunció el aumento salarial, la tasa oficial, que estaba en 862,32 bolívares, ubicaba el ingreso en 20,8 dólares. Ahora, un trabajador de la administración pública apenas percibe 5,4 dólares al tipo de cambio que el Banco Central de Venezuela sitúa en 3.314 bolívares. Por esta razón, el empleado se encuentra en situación de “pobreza extrema” de acuerdo con Naciones Unidas, pues percibe menos de 1,25 dólares diarios, establecidos internacionalmente como el límite para ser considerado como pobre extremo.

“La economía enfrenta una restricción de demanda porque el salario es absolutamente insuficiente. Cerca de 40% de la clase trabajadora venezolana que gana sueldo mínimo no puede comprar lo que las empresas fabrican. ¿Quién le compra a una compañía que produce harina de maíz, pasta o arroz con un salario de 5,4 dólares? ¡Nadie!”, expresó el diputado José Guerra, miembro de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional.

Para ilustrar el nivel de depauperación del ingreso del trabajador venezolano, señaló que en Brasil un obrero gana, como mínimo, 296 dólares mensuales; en Chile, 452 dólares; en Colombia, 265 dólares; y en Haití, el país “más pobre del hemisferio occidental”, 78 dólares. Por ello, el parlamentario propuso el 8 de abril aumentar a 20 dólares el salario mínimo del sector público.

Sueldos dolarizados

Para Pablo Zambrano, secretario ejecutivo de la Federación de Trabajadores de la Salud, el gobierno debe entender que en Venezuela hay una dolarización de facto, resultado de la hiperinflación, que en marzo registró una tasa interanual de 1.623.656%, de acuerdo con la Comisión de Finanzas del Parlamento. “El siguiente paso que debe darse es abonar a los trabajadores en dólares para que el poder adquisitivo no se pierda”, dijo.

Expertos afirman que el hecho de que la economía esté dolarizada en el consumo mientras que los ingresos de los venezolanos siguen siendo en bolívares ha profundizado la desigualdad social, pues se ha generado una economía dual con dos tipos de personas: los que tienen acceso a divisas y los que no.

El diputado Ángel Alvarado, miembro de la instancia parlamentaria, afirma: “La dolarización genera una sociedad complicada, porque si todo se dolariza excepto los salarios, la población que no tiene acceso a dólares se empobrece muy rápido mientras que la otra parte se protege. Esto ha hecho que Venezuela se convierta en la sociedad más desigual del mundo”.

Zambrano aseguró que la situación de los empleados públicos es peor a la que vivían antes del programa de recuperación de Maduro. “Nosotros contábamos con unas cláusulas que nos permitían recibir algo (de dinero) además del salario antes de que nos aumentaran el sueldo a 1.800 bolívares y publicaran las tablas de hambre. Fue tremendo aumento, pero el gobierno no frenó la hiperinflación ni tomó ninguna medida que estabilizara el dólar, por lo que ese sueldo de 30 dólares (al tipo de cambio oficial en ese entonces de 60 bolívares) fue deteriorándose rápidamente”, añadió el dirigente sindical.

Sifontes coincidió con Zambrano al afirmar que el gobierno de Maduro “atracó” a los trabajadores con la implementación del instructivo de aplicación para la administración pública, en el que se publicaron los tabuladores del personal obrero y del administrativo, que no solo alteró el beneficio de la prima de profesionalización, sino también la prima de antigüedad, además de eliminar tres compensaciones.

“Después del atraco que nos hicieron con las tablas de hambre, con las que nos quitaron todos los beneficios, el salario lo único que ha hecho es mermar mientras que la inflación sigue subiendo. Ahora tenemos un cestaticket de solo 1.800 bolívares que no alcanza ni para comprar un pan campesino que está en 2.500 bolívares. Los trabajadores están desesperados, pasando hambre, necesidad y miseria. Están en un estado de angustia perenne porque no tienen cómo alimentarse, movilizarse, qué darle a sus hijos ni para pagarles la educación, y ahora todo empeoró con la crisis eléctrica y del suministro de agua”, expresó la secretaria de organización de Sunep-Inparques.

Indicó que en la administración pública el ausentismo laboral se ha potenciado por el colapso de los servicios públicos, además del insuficiente salario que no alcanza para ir al trabajo. “La gente no está yendo a trabajar porque el salario no alcanza”, aseguró. Señaló que los trabajadores que residen en Guatire, estado Miranda, gastan cada día cerca de 700 bolívares solo para ir a Caracas, cuando el salario mínimo diario se sitúa en apenas 600 bolívares.

Dependientes de la caja

La dirigente sindical añadió que el trabajador se preocupa cada vez que no llega a su comunidad la caja de alimentos de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), que recientemente el gobierno aumentó a 1.000 bolívares (aunque en muchas zonas se cobra hasta en Bs. 2.500).

“Como los 18.000 bolívares solo alcanzarían para medio cartón de huevos y medio kilo de queso, la gente está dependiendo de la caja para comer. Me atrevo a decir que las personas van a trabajar para no quedarse encerradas en sus casas pensando y preocupándose por la dramática situación”, dijo la sindicalista.

Marco Antonio Ponce, coordinador general del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS), afirmó que el gobierno de Maduro se ha aprovechado de la crisis para “tratar de controlar a los venezolanos a través del estómago”, y por eso en los sectores populares, sobre todo en los grupos más vulnerables, los CLAP se han convertido en una parte fundamental para poder sobrevivir en medio de la crítica situación. “Lamentablemente, se ha llegado a un punto en el que muchas familias dependen de esa bolsa porque el mismo sistema de control ha llevado a esa dinámica”, dijo.

“Esa política de control se ha ido profundizando con el tiempo y busca tener el dominio de los ciudadanos, sobre todo en los sectores más vulnerables, a través de los alimentos, aprovechándose de la grave situación de inseguridad alimentaria que vive la población venezolana por la escasez y el desabastecimiento”.

De acuerdo con el OVCS, el año pasado se registraron 1.257 protestas para exigir el derecho a la alimentación.

Ni las prestaciones alcanzan para comer

Antes de la llegada del fallecido Hugo Chávez al poder en febrero de 1999, los trabajadores utilizaban sus prestaciones sociales para pagar la inicial de un apartamento o de un vehículo, viajar, remodelar la casa o comprar muebles. Ahora ni siquiera alcanzan para comer.

Las prestaciones sociales de Quintero por 15 años de servicio en Inparques apenas llegan a 2.200 bolívares. “No tengo absolutamente nada que ofrecerle a mi hija”, expresó.

José Elías Torres, directivo de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), señaló que la reconversión monetaria terminó de matar los años de servicio de los trabajadores en los entes públicos. “El que tenía 90 millones de bolívares, luego de que el gobierno le quitó los cinco ceros a la moneda vio que se quedó con solo 90. Me pasó con mi secretaria. El gobierno ha manipulado y mentido a los trabajadores con las prestaciones sociales. Ahora es que estoy viendo que el sector público está perdiendo el miedo y está saliendo a las calles a protestar”, añadió Torres.

Carlos Seijas Meneses

 

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