Nadal revalida su título en Canadá tras arrollar a Medvedev

Si Rafael Nadal quería utilizar el Masters 1.000 de Canadá como preparación para el US Open, se podría decir que está más que listo para afrontar el último Grand Slam de la temporada. Por tenis, físico, rodaje, estadísticas y confianza, altísima después de levantar su quinto título en Montreal, defendida la corona que el año pasado celebró en Toronto. En la final ante Daniil Medvedev, las mejores sensaciones y detalles ya pulidos para lo que viene después de apenas setenta minutos de contienda.

Se enfrentaban el español y el ruso por primera vez en una pista de tenis. Los números, abrumadores para el balear: cincuenta y una finales de Masters 1.000 por la primera de su rival; treinta y cinco títulos, por ninguno del ruso; 962 victorias, por 110; la veteranía frente al ímpetu; la experiencia ante el estreno. Y a Nadal le costó solo un juego entender a este rival hijo del tenis del hoy: altísimo (1’92), con un saque muy potente (solo había perdido tres juegos antes de la final), un revés muy férreo y unas piernas con energía suficiente para llegar a todo.

Un primer juego que duró nueve minutos, que le sirvió para entender que el ruso le iba a dejar proponer la estrategia porque confiaba en sus palancas para responderlo todo, que no iba a mostrar fisuras en el revés, que iba a intentar llevar las pelotas lo más cerca posible de la línea de fondo.

Le costó hasta una bola de break en contra, después de dos peloteos que llegaron a 24 uno y 32 intercambios el otro. Pero en cuanto entendió el juego del ruso, Nadal planeó una táctica específica para él: cambios de dirección, de altura, de ritmo; aproximaciones a la red para no dejarle pensar; atacar con el cortado y dejar que los nervios le flaquearan con su servicio.

Después de un primer juego de nueve minutos y uno para el ruso que apenas duró cuatro, Nadal ya había encontrado la fórmula para desbaratar la ilusión del principante. El drive funcionó como un proyectil, el revés cortado obligó al ruso a un movimiento que no esperaba y el saque se mostró firme. Al otro lado, por mucho que en la previa asegurara el nueve del mundo que no se iba a dejar intimidar, la mano tembló. En el segundo turno de saque, dos bolas de break cedidas por dos despistes. Solucionó el primero con un saque directo y regaló el juego con una doble falta. El viento, los nervios, lo que impresiona Nadal al otro lado de la red.

Después de todo lo que había durado el primer juego el primer set lo despachó el español con cierta celeridad a partir de esa rotura. No sufrió nunca en sus turnos de saque, y hasta se ganó otra opción de break en el quinto juego. Aguantó el ruso un poco más con su gran primer golpe. Pero también Nadal iba fino con un 81 % de primeros servicios, sin sentir nunca la presión desde el otro lado de la red. Solo se despistó cuando ya contaba dos bolas de set. Una doble falta anecdótica para cerrar el parcial en 41 minutos.

Sin oposición

Con la inercia de haber desarbolado la estrategia del ruso, el español se fue hacia la victoria a velocidad de crucero. A cada paso que apretaba, más desmoralizado quedaba Medvedev, al que ya no le sostuvo ni el servicio que lo había llevado hasta la final tras ganar a Dominic Thiem o Karen Khachanov. Trató de sacar nuevos trucos, pero nada salía, nada le dejaba el balear. Y el pulso y la cabeza dejaron de funcionar.

Regaló varias dobles faltas y ni siquiera pudo evitar el 6-0 en el segundo set, ni por orgullo ni por ese tenis que le augura un buen futuro. Pero el presente es Nadal, que suma su quinto título en Canadá, esta vez en Montreal. En 2005 ganó a Andre Agassi; y a partir de ahí, cuatro debutantes en finales de Masters 1.000, con físico, pero sin esa madurez que también gana partidos: Nicolas Kiefer en 2008, Milos Raonic en 2013, Tsitsipas en 2018 y Medvedev 2019. Sin piedad. Rota la maldición de no repetir títulos en torneos de pista rápida, apunta al US Open con la mejor de las preparaciones.

Cyndi NERO, con información de -ABC.es-

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