El FMI cambia mientras Maduro aplica un paquetazo que devasta a Venezuela

El FMI cambia. Lo que no cambian son los discursos que pronuncia la izquierda. Esa izquierda que representan el presidente de Bolivia, Evo Morales, y el expresidente de Ecuador, Rafael Correa. O de sectores como el chavismo, que es un poco de izquierdismo pero también fascismo y militarismo. El máximo exponente de esta posición es Nicolás Maduro. Los tres han enfilado contra el FMI, responsabilizándolo de los estallidos sociales en Ecuador, Chile y de la crisis en Argentina. Maduro es quien cuanto y más ha aprovechado el momento.

Pero la verdad es que poco tiene que enseñarle a la región y al mundo sobre economía. El fracaso económico de Maduro es un hecho conocido a nivel mundial. Es más, el paquete de Maduro es peor que las recetas que aplica el Fondo Monetario Internacional. El paquete de Maduro ha devastado a Venezuela. Y ha ocasionado un éxodo de venezolanos por el mundo que suma casi seis millones.

El FMI cambia. Y cambia en la comprensión de los problemas y las crisis económicos. Y cambia en la búsqueda de soluciones. El FMI habla de desigualdad. Y habla de oportunidades. Y habla de los nuevos retos de la globalización y la automatización. Pero lo hace desde una posición de autocrítica y no desde el punto de vista inamovible y de la verdad absoluta.

Pero los populismos, los chavismos, los izquierdismos, optan por el simplismo del ataque, sin analizar que las causas y los entornos de una crisis pueden ser múltiples. El FMI cambia, y tanto que hasta el capitalismo puede estar en revisión porque al sistema liberal se le sueltan muchas de las costuras.

En una reciente entrevista publicada en El País Semanal, la economista jefe del FMI, Gita Gopinath, señala, por ejemplo, cómo se ha evolucionado en la comprensión e importancia de la desigualdad. “La desigualdad”, señala, es un problema que abarca dos aspectos:

Lo social.

Y lo macroeconómico.

Y explica que si en un país el dinero se concentra en pocas manos, crea “un problema de falta de generación de demanda”. La consecuencia son tasas bajas de crecimiento que se prolongan en el tiempo.

Gopinath, nacida en India, señala que no hay “que dar por hecho que van a hacerse políticas para repartir la riqueza de la globalización”. Apunta que “la desigualdad creciente refleja graves distorsiones en la economía”. Pero la desigualdad no tiene sólo que ver con que alguna gente obtenga menos ingresos, sino que las empresas han aumentado su poder de mercado y no pagan impuestos, y “eso no es bueno para la economía”.

Cyndi NERO, con información de -lapatilla-

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