Evo Morales es el nuevo Maduro de la región

Hay un nuevo Maduro en la región. Lo que vemos en Latinoamérica por estos días es el desarrollo de una increíble tragedia. Cuando la región intenta lidiar con una crisis migratoria sin precedentes, con las amenazas de guerra de Maduro y Diosdado Cabello y, en general, con las nefastas consecuencias de tener un país vecino en el que manda un tirano, aparece otro socialista a proclamarse rey y señor de todo cuanto hay en Bolivia.

Ya no hay vuelta atrás, por lo menos no en materia de formalidades. Evo hace rato pasó esa línea. No le importa que le digan tirano, no le importa que le acusen de robarse las elecciones, él ya decidió ser el nuevo Maduro de la región.

Está en el poder desde el 2006, lleva 13 años siendo «presidente». La Constitución de Bolivia dice que solo es posible reelegirse una vez de manera consecutiva, el líder cocalero ya fue reelegido dos veces. Y si contamos las últimas elecciones —las que se robó— hablamos de tres reelecciones consecutivas.

En el 2016 Morales decidió hacer un referendo para preguntarle a los bolivianos si querían que participara una vez más en las elecciones, a pesar de toda la trampa que seguro hizo, perdió el referendo y «el pueblo» dijo que no quería tenerlo de nuevo al mando. No le importó, igual se presentó a las elecciones.

Que violando la Constitución, y saltándose el resultado del referendo, haya podido estar en el tarjetón de los pasados comicios, ya dejaba clarísimo qué tan comprada tiene a la justicia y a las autoridades electorales. Lo que pasó el 20 de octubre, entonces, no fue más que la desembocadura lógica de lo que Evo venía haciendo hace ya mucho.

Era evidente que se quería quedar en el poder a como dé lugar. Entonces fue a las elecciones y cambió los resultados. Todo con el acostumbrado descaro y las mismas técnicas sucias de los socialistas. Al inicio del conteo la diferencia entre Morales y Carlos Mesa era estrecha, daba para una segunda vuelta. Pero luego se detiene el conteo de votos durante más de 20 horas -sin ninguna explicación- y al  reanudarse, el líder cocalero tenía los votos suficientes para ganar en primera vuelta.

Muchos bolivianos han sido valientes y desde el 20 de octubre, día de las elecciones, no han parado de trabajar intentando sacar a Morales. Específicamente en La Paz las manifestaciones son enormes a pesar de la brutal represión que ya deja varios muertos.

El pasado 31 de octubre en esa ciudad se llevó a cabo un cabildo multitudinario. Diferente a lo que ocurre en otros países en los que la palabra «cabildo» hace referencia a una gente que de manera informal se reúne, en Bolivia el cabildo está considerado en la Constitución como una forma «directa y participativa» de ejercer la democracia. Los cabildos «tendrán carácter deliberativo», dice la Carta Magna de ese país.

Los cabildos y las manifestaciones ya han dejado logros importantes, como la renuncia del vicepresidente del Tribunal Supremo Electoral. En el cabildo histórico del 31 de octubre en La Paz se decidió «mantener la lucha hasta la renuncia del presidente Evo Morales». Así como rechazar la segunda vuelta y la auditoría a las elecciones por ser una «maniobra distraccionista (sic) para desmovilizar la lucha del pueblo y mantener a Evo Morales en el poder». Finalmente piden en la resolución de ese día nuevas elecciones para el 15 de diciembre, sin la participación de Morales.

Parece que la gente de los cabildos no solo está bien organizada sino que tiene claro el camino a seguir. La auditoría de la OEA a las elecciones de Bolivia constituye un insulto a los millones de bolivianos que han sido engañados por un tirano, pero sobre todo es una ayuda a Morales para que gane tiempo y la gente en las calles se canse y desanime.

Ahora bien, a pesar de que hay liderazgos, ideas claras y disposición, las formas de la izquierda son violentas y sin vergüenza. Han pasado apenas un par de semanas desde que se llevaron a cabo las elecciones y la oposición está bien organizada, habrá que ver qué pasa. Pero hablando de un tirano que decidió robarse unas elecciones de manera tan descarada, y pasar por encima de la Constituciòn, las posibilidades de que se vaya del poder sin el uso de la fuerza son pocas.

El camino más claro para la salida de Evo está, entonces, en los militares. Y ese, afortunadamente, parece ser el punto de la estrategia castro-chavista en el que el líder cocalero ha fallado. Tiene comprados a los altos mandos pero eso no será suficiente para enfrentar un posible alzamiento de la mayoría de miembros de las Fuerzas Militares provocado por la presión organizada de la sociedad civil.

A nivel internacional Morales no podría contar con un mejor ambiente. La «brisita bolivariana» recorre todos los países de la región logrando cosas tan increíbles como que Sebastián Piñera, el presidente de Chile, pida perdón a quienes incendiaron la capital. Y que los medios, que en general son de izquierda, llenen las primeras páginas de falsas historias sobre supuestas luchas sociales y mayorías que despiertan y piden socialismo.

Además de eso, tristemente, con lo que ocurre en Venezuela ha quedado claro que un tirano en Latinoamérica puede hacer lo que quiera, y lo máximo que recibirá de la comunidad internacional es una lluvia de comunicados. Evo no tiene nada que temer a nivel internacional.

Este sería el momento indicado para que los líderes de la región reaccionen y hagan un frente común contra el socialismo, que condenen con contundencia a personajes como Evo y que instauren sanciones efectivas, pero el único capaz de hacer eso en este momento es el presidente de Brasil.

Entonces, los bolivianos tienen que tener claro que no hay esperanza afuera, que podrán morir de hambre y llegar a la pobreza más extrema, viviendo en el peor de los infiernos, y nadie los ayudará. Que eso les aliente y les dé el ánimo para luchar por lo que todavía pueden conseguir.

Daddy LLUKA, con información de -panampost.com/vanessa-araujo-

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