Gran parte de Venezuela anda con el «culo cagao» y oliendo a mono

La debacle de los servicios básicos descoloca a Caracas de la burbuja en la que por muchos años se mantuvo. Con el avanzar de los días, los caraqueños viven en carne propia lo que desde hace mucho tiempo se sufre en el interior del país: escasez de gas, fallas eléctricas cada vez más frecuentes y un cada vez más ineficiente suministro de agua.

Esto último es la mayor razón de ruegos de los caraqueños, sobre todo en los sectores populares. Mientras en algunas zonas el servicio es intermitente, en otros sectores las tuberías tienen varios meses secas. La gente olvidó cómo se siente bañarse en regadera.

Pero ahora ya no es suficiente suplicar solo porque llegue el agua: también se implora para llegue limpia, pues otro de los suplicios que vive la ciudadanía es que cuando el líquido llega es color marrón con mal olor o un inconfundible tufo a cloro.

Los caraqueños inician el tercer mes de cuarentena a la espera porque les llegue agua en condiciones mínimas de salubridad, y que permita al menos lavar la ropa.

«Será que en estos 30 días si enviarán agua Caracas agua limpia no amarilla y sucia. Cuarentena sin agua. Es increíble lo incoherente y mentirosos que son. Cuanta burla para el pueblo. Parroquia Petare necesita agua con caudal fuerte para que llene los tanques«, fue una de las denuncias que se hicieron por Twitter, luego de que el gobernante Nicolás Maduro anunciara la extensión por 30 días más del estado de alarma en el país por el coronavirus.

Los caraqueños consideran que el agua no es apta para el uso en el aseo personal y mucho menos para cocinar o beberla. Creen que debido al confinamiento en el que se encuentra el país por la pandemia deberían tener un servicio de agua eficiente y no es así. 

El problema con el servicio se replica en toda la capital. En toda el área metropolitana de Caracas vecinos exigen al gobierno agua en buenas condiciones y con un ciclo de suministro adecuado para poder hacer frente a sus necesidades. Denuncian que incluso el agua que envía la alcaldía a través de camiones cisterna es sucia y que «solo sirve para bajar la poceta, porque ni para limpiar es apta».

Las muestras cunden por toda la gran Caracas. En la torre D, Residencias Marapa Marina del estado Vargas, por ejemplo, el fluido apenas les llega -si corren con mucha suerte- dos veces al mes, pero sucio y con mal olor. Pese a ello, el recibo de Hidrocapital correspondiente al mes de mayo asciende a 39,2 millones de bolívares, el equivalente a unos 210 dólares calculado a la tasa del Banco Central de Venezuela del 15 de mayo (Bs. 181.675). El mes anterior la factura no llegaba a los 200.000 bolívares.

Incapacidad

Para el exvicepresidente de operaciones de Hidrocapital, Norberto Bousson, Caracas sufre las consecuencias de la desidia y la desinversión. Explica que el color amarillento que la ciudadanía ve en el agua se debe a coloides (partículas no diluidas) que no se trataron adecuadamente. Precisa que esto se produce cuando los embalses tienen niveles bajos de agua y hay mucha materia orgánica en suspensión.

Bousson asegura que el reporte de mal olor que hace la ciudadanía es porque las plantas de tratamiento no tienen suficientes sustancias químicas para tratar el agua y tampoco hacen adecuadamente el proceso de filtración y desinfección del líquido.

A su juicio, el problema que vive el sistema hídrico del país es progresivo y estructural y que por el momento de contingencia impacta más fuerte, sobre todo al sureste y noroeste de Caracas, porque todas las fuentes del sistema de fluidos están acabadas y los embalses de agua que benefician a la capital muy por debajo de su capacidad.

Norberto Bousson - exvicepresidente de operaciones de hidrocapital agua

El exdirectivo de Hidrocapital advierte que el último reporte al que pudo acceder da cuenta de que las plantas de tratamiento trabajan a menos de 50% de capacidad operativa. A eso se le suma el problema en la cantidad de servicio que se distribuye: anteriormente a los acueductos de Caracas llegaban 20.000 mil litros de agua por segundo y ahora llegan entre 8.000 y 10.000 litros.

«Las plantas de tratamiento no tienen suficientes sustancias químicas. No son capaces de tratar el agua. Cuando se deterioran no puedan hacer el proceso de desinfección y filtración que debe funcionar al unísono y cuesta muchísimo recuperarlas», dice.

Norberto Bousson asegura que el problema con los acueductos comenzó a evidenciarse hace cinco años, pero no se hizo lo suficiente para reparar los daños y averías que presentaban. A eso se le sumó las fallas en las plantas de tratamiento y la crisis en el sector eléctrico.

Compara que hace 20 años el sistema hídrico nacional entregaba al menos 147.000 litros de agua por segundo a todo el país y era suficiente. Mientras ahora 82% de los ciudadanos reporta que no goza del servicio de forma adecuada; y solo 12% dice que recibe el servicio de forma regular.

«Para darle agua a los venezolanos requieres de más de mil estaciones de bombeo, combinadas con las plantas de tratamiento y los tres millones de metros de tubería. Eso es lo que hace posible que llegue el agua, pero hoy el venezolano tiene que entender que han destruido los acueductos», manifiesta Bousson, agregando que hoy se bombea a lo sumo a 40% de la capacidad.

El experto añade que desde hace meses en Caracas la situación se fue volviendo cada vez más difícil, pero que en el interior del país la situación es peor pues las plantas de tratamiento están en condiciones más precarias y tienen menos sustancias para tratar el agua.

O no hay o llega sucia

Son dos cosas distintas pero que se gestaron por el mismo mal: la desinversión y la falta de mantenimiento. Así lo asegura a TalCual José María de Viana, expresidente de Hidrocapital de la década de los 90, antes de que el chavismo asumiera el control del país, época donde el sistema hídrico era capaz de dar a Caracas 20 mil litros de agua por segundo. Hoy es menos de la mitad.

«La gente no necesita tener un laboratorio en su casa para saber cuándo el agua es potable. Si el agua es amarillenta, tiene mal olor o un sabor inadecuado yo como ciudadano sé que esa agua no es potable», dice.

De Viana explica que el problema inició en ciudades como Maracay y Valencia por la situación de las plantas que procesaban el agua de la cuenca del lago de Valencia. En este sentido, señala que este mal llega a Caracas porque aunque la mayoría de las fuentes del fluido están en lugares puros, cuando las lluvias llegan a los manantiales arrastran materiales finos y con ella se incrementan los niveles de turbidez.

La escasez y la precariedad de las industrias también dieron un zarpazo al sistema hídrico del país. Expone que la nación comenzó a carecer de los reactivos fundamentales para procesar el agua. Uno de ellos, el sulfato de aluminio, cuyo propósito es clarificarla, pero como en Venezuela no hay gasolina porque las refinerías dejaron de producir, tampoco hay este elemento y no hay aluminia porque las plantas cerraron.

«Hay algo peor que eso, no producimos gas cloro. es el desinfectante que usamos. Es decir, que el agua antes de salir por norma tenemos que clorarla a partir de ahí el cloro se mantiene dispuesto en el líquido, entonces cualquier patógeno que caiga en ella muere, inclusive durante el viaje porque se mantiene cloro residual que sigue desinfectado en el camino» advierte.

José María de Viana también se refiere a la poca cantidad de agua que llega a las familias caraqueñas, explica que por esa razón se corre mucho riesgo, pues el tránsito del líquido por las redes de aguas blancas no se hace con presión, pese a ser un requisito estipulado en normas internacionales. Según el experto el agua al no estar presurizada corre el riesgo de contaminarse.

jose maria de viana

Sostiene que el problema del bombeo complica la situación en Caracas, pues el agua proviene de fuentes naturales que están alejadas de la ciudad y el traslado es más complicado. Detalla que buena parte del liquido que llega la capital proviene de cuencas del Parque Nacional Guatopo, y esos sistemas tienen tuberías de hasta 60 kilómetros y de dos o tres metros de diámetro por la cantidad de líquido que deben transportar.

De acuerdo a lo que expone De Viana todos estos sistemas están bien diseñados, son robustos y de buena calidad, pero como no se le mete mano las fallas nuevas se unen  a los problemas de vieja data. Alerta que ninguno de los sistemas se salvó de los años de descuido por parte del gobierno; y acota que no se trata de hacer obras nuevas, sino de hacer mantenimiento a las que ya están levantadas.

Aunque destaca que recuperar el sistema hídrico del país es complicado, apunta que se han revisado 24 de los sistemas de distribución del país, por lo que se pudo conocer que todos tienen problemas comunes. Puntualiza que el más grave y que cree debe tener la prioridad es el de transporte de agua, pues 50% de su capacidad está fuera de servicio.

Según el experto, el Sistema Tuy I tenía una capacidad para transportar 4.000 litros de agua y ahora solo transporta 1.000 litros (25%), el Sistema Tuy II que traía 7.000 litros hace 20 años ahora solo lleva a la ciudad 3.000 litros (40% operativo), mientras que el Tuy III, «el que funciona mejor, entrega 9.000 litros», por lo que estima que la capital venezolana actualmente recibe entre 10.000 y 13.000 litros de agua. De allí que considera que el sistema en Caracas funciona a 60% de su capacidad.

Para el expresidente de Hidrocapital lo primero que debe atenderse son los sistemas de transporte y luego las plantas de tratamiento. Señala que sería en dos o tres años cuando estas últimas puedan estar en condiciones optimas. «Cuando se decida comenzar a hacer se verán resultados con rapidez. El asunto es que evidentemente el gobierno no tiene entusiasmo», puntualiza.

Daddy LLUKA, con información de -talcualdigital-

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