¿Para qué quieres más tiempo, Juan Guaidó?

La única estrategia conocida del varguense Juan Guaidó para lograr la salida de Nicolás Maduro del poder es apostar a un quiebre interno en el chavismo que permita la conformación de un gobierno de emergencia integrado por sectores democráticos y chavistas no acusados por narcotráfico. Conforme pasan las semanas, dicha propuesta parece no tener acogida por parte de aquellos en cuyos hombros recae la decisión de ejecutarla: los altos mandos del chavismo y de las Fuerzas Armadas.

Esa es la debilidad de la propuesta: nuevamente depende de actores externos a la oposición cuyos compromisos económicos con la estructura criminal están por encima de un llamado a la decencia que han desoído por dos décadas.

A reserva de que la comunidad internacional actúe o que el quiebre necesario se produzca, llegaremos a enero habiendo ocurrido un nuevo fraude electoral que dará una espuria Asamblea Nacional que para efectos del chavismo sustituirá a la actual.

La pregunta es: ¿qué pasará con el reconocimiento que casi 60 países han dado al interinato de Guaidó?

El presunto golpe en Acción Democrática por parte de Bernabé Gutiérrez dejó para la opinión pública un nuevo elemento que debemos analizar con cuidado: la pretensión de los partidos que integran el G4 de perpetuarse ante la Comunidad Internacional como los entes depositarios del reconocimiento, aún cuando el periodo constitucional de la Asamblea Nacional expira el 5 de enero.

En una rueda de prensa digital el mandatario interino aseguró que el principio de continuidad es una de las versiones que valoran en caso que resulte necesario.

Por su parte, durante un pronunciamiento en redes sociales que tuvo lugar el 16 de junio, Henrique Capriles dijo que él no reconocerá una prórroga del mandato del interino ni la conformación de un gobierno en el exilio. Si tomamos como referencia el pronunciamiento de Capriles podemos ver dos posibles caminos: continuidad o exilio.

Cualquier escenario posible nos pone frente a algunas disyuntivas que debemos considerar:

¿Aceptará la comunidad internacional que Guaidó decida auto proclamarse presidente indefinidamente? No lo sabemos. ¿Permitirá el régimen que Guaidó siga libre después de que – para sus efectos – concluya su mandato? No lo sabemos. ¿Dónde se asentaría un gobierno en el exilio? ¿Bogotá? ¿Washington? ¿San José?

Y la más importante: ¿aceptarán los ciudadanos a Guaidó como su líder por tiempo indefinido? No lo creo.

Si llega el 5 de enero habrán pasado dos años de mandato legislativo de Juan Guaidó. Dos años de haberse dejado secuestrar por aquellos que en principio no querían que él se juramentara. Dos años de haber marginado a quienes le impulsaron a dar aquel valiente paso con tal de que lo hiciera sin desvíos o vacilaciones. Dos años en los que volvió a negociar, intentó pactar con sectores de la mafia y dejó perder el invaluable apoyo que se le ofreció en las calles. Dos años de reconocimiento internacional puesto al servicio de la negociación con el narcotráfico.

El 5 de enero, si Maduro sigue en el poder, yo le preguntaré a Juan Guaidó: “si ya pasaron dos años y no lograste nada ¿para qué quieres más tiempo?”.

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