El Kardashian del Eln: la historia de Andrés Vanegas Londoño alias «URIEL»

A diferencia de la mayoría de los jefes elenos, Uriel era extremadamente mediático y con relativa frecuencia aparecía en entrevistas y recibía sin mayor problema a los periodistas en las selvas chocoanas. También era un usuario muy activo de las redes sociales, una especie de Kim Kardashian guerrillero que aprovechó esas plataformas para promocionar su imagen y la del ELN. Igualmente, utilizaba las redes como herramienta para reclutar jóvenes y adiestrarlos para las redes de milicias urbanas.

La exposición mediática, sumada a su vanidad y arrogancia, lo pusieron cada vez más en la mira de las autoridades. En su cuenta de Twitter se daba el lujo de poner dos números telefónicos, los cuales efectivamente contestaba personalmente, en un abierto desafío.

Pocos días después de los disturbios del 9 de septiembre en Bogotá, en los que destruyeron más de 70 CAI de la Policía, Uriel confirmó que él había estado detrás de esos ataques coordinados. Al tiempo que llevaba su guerra a las redes sociales en el occidente del país, los hombres bajo su mando eran los responsables de varios secuestros y de desplazamientos de poblaciones enteras por los enfrentamientos con otros grupos armados con los que se disputaban algunas rutas de narcotráfico.


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Andrés Vanegas Londoño alias «URIEL»

Pero Uriel no sabía que todo esto lo había convertido en un objetivo prioritario para el Gobierno. Hombres de la dirección de inteligencia de la Policía le venían siguiendo el rastro desde hacía varios años y en los últimos meses los analistas habían logrado localizar las zonas por donde se movía en Chocó. Un equipo de reconocimiento se infiltró y desde la maraña logró ubicar dos campamentos, distantes 20 kilómetros del uno del otro, entre los que se movía el subversivo.

Normalmente se movilizaba con cerca de 15 escoltas, sin embargo el domingo 25 de octubre decidió ir hasta uno de esos lugares acompañado de solo seis hombres. Los comandos no le perdieron la pista en el desplazamiento hasta llegar a una vivienda en zona rural del municipio de Nóvita.

En cuanto los hombres de inteligencia verificaron la identidad de Uriel y establecieron que era seguro lanzar un ataque, informaron al Comando de Operaciones Conjuntas de las Fuerzas Militares, que envió un comando élite a la zona. Un francotirador acabó con la vida de este hombre, por el que se ofrecía una recompensa de 500 millones de pesos.

La muerte de Uriel, sin duda, representa uno de los mayores golpes al ELN en los dos años de Gobierno. Si bien era el tercero en la línea de mando del frente de guerra, su importancia para la guerrilla era indiscutible. Gracias a su estrategia mediática logró armar una red que le permitió ejecutar acciones a cientos de kilómetros de donde operaba. En el occidente, él y sus hombres sometieron durante años a decenas de poblaciones a sangre y fuego.

Cyndi NERO, con información de -semana.com-

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