El oscuro mundo de explotación laboral detrás de la industria de los habanos cubanos

Recientes sanciones de Washington buscan impedir que los dólares estadounidenses vayan a financiar la industria cubana del tabaco uno de las fuentes de ingreso que sostienen al represivo régimen castrista. Los médicos cubanos no son los únicos tratados como esclavos por la dictadura comunista de La Habana.

También los trabajadores que forman parte de la industria del habano son explotados laboralmente y no reciben ningún beneficio de ese rentable negocio. La producción de habanos es tan lucrativa que Alejandro Gil, ministro de Economía del régimen, asegura que la exportación del rubro pudiera asegurar un ingreso anual regular de más de 300 millones de dólares.

Y es que a pesar de la crisis, los habanos de Cuba siguen siendo un producto muy valorado en el mundo. En las subastas del súper promocionado Festival del Habano, la oferta inicial de una caja de 50 habanos Cohiba ha estado fijada en los 200.000 euros.

En la más reciente convención, celebrada en febrero de este año y conducida por la célebre Casa Christie’s de Londres, las recaudaciones se acercaron a los 5 millones de dólares.

Mientras que el precio del paquete individual de actividades de un turista que quisiera asistir al Festival del Habano (en el que no se incluyen otros gastos como alojamiento, cenas, pasajes, etcétera) estuvo fijado en los 2.075 dólares

Aunque no es posible saber con exactitud el monto real de las recaudaciones de los Festivales del Habano se estima que estaría sobre los 20 millones de dólares, teniendo en cuenta las ganancias directas e indirectas.

El derroche de dinero y el glamour del turista que va a Cuba a degustar un habano contrasta con la oscura realidad laboral de torcedores, campesinos, técnicos y demás integrantes de la industria del tabaco en Cuba.

Los 60.000 trabajadores de ese gremio sufren los bajos salarios y las malas condiciones laborales, mientras generan más 300 millones de dólares anuales por la venta de poco más de 30 millones de habanos que se producen todos los años en la isla.

Ni siquiera la fábrica Partagás, emblema de los habanos de Cuba, recibe la inversión adecuada. En julio de este año el techo de sus instalaciones se desplomó generando indignación en los trabajadores.

Armando, un torcedor de habanos de la fábrica Partagás, contó cómo mientras se deterioran las condiciones de trabajo, los funcionarios del régimen exigen cada vez más producción y mejor calidad:

“Las normas han subido, las condiciones de trabajo no son buenas y la materia prima cada día es peor, nada de eso ayuda, la gente dice ‘coño, es un buen salario’, pero 100 dólares no son nada hoy en Cuba, tienes que vivir sin mujer, sin hijo, sin casa, sin nada, eso te da justamente para sobrevivir tú solo y eso no es vida.»

Armando dice que haciendo menos de lo que hace a diario y vendiendo a los extranjeros en la calle gana eso mismo en un día. «Oye, cuando yo veo que el mismo tabaco que yo hago y por el que me pagan centavos lo venden en el Manzana en 10 y hasta en 40 dólares a mí me da una rabia tremenda”, dice.

“Las normas están altísimas, el control de calidad súper exigente a pesar de que cada vez traen las peores materias primas, los medios de trabajo son los mismos de hace diez años atrás.  Y para colmo no puedes protestar porque te sancionan sin cobrar un mes. Eso es prácticamente ser un esclavo”, denuncia Gabriela, anilladora en esa fábrica.

En los campos de cultivo la realidad no es mucho mejor. Los costos de mantener las plantaciones suben cada año a igual ritmo que las deudas acumuladas por las empresas estatales.

La pobre gestión del Ministerio de la Agricultura, que controla las empresas encargadas de acopiar las hojas, pone en peligro las producciones así como la fidelidad de los campesinos al cultivo del tabaco, una planta que necesita de mayores atenciones que cualquier otra.

A eso se suma la falta de fertilizantes y plaguicidas debido a que, habiendo los recursos financieros, no están siendo importados en los volúmenes requeridos. El resultado es que se entrega un producto de peor calidad a los torcedores quienes a su vez reciben la exigencia de mantener estándares de calidad imposibles de alcanzar con materias primas defectuosas.

“Muchos campesinos han dejado de cultivar el tabaco. No es rentable. Lo que se les paga al final del año aunque parece mucho, en realidad no es nada. En la televisión se habla de 1000 y 2000 dólares por una cosecha en la que trabajaron decenas de hombres pero divide eso y verás que es un salario bajísimo, sin contar que a veces pasan hasta otro año más para poder cobrar ese dinero”, comenta José Luis, cultivador de tabaco en Pinar del Río.

Cindy NERO, con información de -CubaNet.org-

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