Carlos Blanco: «Nos debatimos entre el hambre y deseo de rebelión inmediata, es por ello que ni la elección ni la consulta resolverán»

A juicio del analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela, Carlos Blanco, las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre son realizadas por Nicolás Maduro para eliminar a la Asamblea Nacional que hace cinco años fue ganada abrumadoramente por la oposición y, adicionalmente, permitirse una oposición alternativa y sometida bajo su control.

“No parece haber entusiasmo alguno para la Consulta Popular, salvo en los miembros de los partidos del grupo de las organizaciones opositoras que ha mangoneado la Asamblea Nacional por años”, afirma el profesor universitario, columnista y autor de varios libros.

– Algunas personas sostienen que, aun cuando en esta oportunidad, el oficialismo ha abusado del ventajismo, conviene ir a votar el 6 de diciembre, para no entregarle en bandeja de plata la Asamblea Nacional a Nicolás Maduro. ¿Qué piensa usted?

– Es un grave error de diagnóstico. El régimen venezolano ha evolucionado desde un fuerte autoritarismo hasta convertirse en una corporación criminal, que tiene varios accionistas como Cuba, Rusia, ELN, disidencia de la FARC, narcotráfico, entre otros.

“La importancia esencial para todos estos grupos es disponer de un territorio que no quieren dejar bajo ningún respecto. Por esta razón, el costo de su salida del poder no están dispuestos a pagarlo y se aferran a este de todas las maneras posibles. Una de las cuales es el control de todas las ramas del Poder Público, nacional, regional y local”.

El régimen de Maduro se asienta desde hace varios años fundamentalmente en el uso de la represión»,

– ¿Por qué a su juicio el gobierno tuvo que intervenir organizaciones como Patria Para Todos, el Partido Comunista de Venezuela y los Tupamaros?

– El régimen de Maduro se asienta desde hace varios años fundamentalmente en el uso de la represión, lo cual es la otra cara de la eliminación de toda disidencia. La eliminación de la disidencia no es nueva, pues comenzó con Chávez. El fundamento es doble: por una parte, estratégicamente, el proyecto político exige una concentración masiva del poder, para eliminar a los enemigos históricos de la revolución: “las clases enemigas”.

Por otra parte, la presión creciente de la mayoría de la población sometida a depauperación acelerada, afecta a los que han sido partidarios del régimen; así se elevan el número y el tono de las protestas, y ante la ausencia de debate en las filas del régimen para procesar esas demandas, la única opción es el desgajamiento y la fractura. Mientras más fractura interna, más represión para evitar nuevas divisiones. No las evitan pero las acallan.

– Bernabé Gutiérrez alega que prefirió dividir a Acción Democrática (AD), porque no está de acuerdo con la política de la abstención, adoptada por Henry Ramos Allup ¿Qué piensa usted?

– Las razones por las cuales el segundo hombre de más poder en AD, Bernabé Gutiérrez, y aliado incondicional de Henry Ramos Allup hasta unos minutos antes de su deserción, se tomó el partido con una maniobra conjunta con Maduro, pienso que están en otro lado. En primer lugar, el régimen se ha planteado construir su propia oposición, para lo que hizo gestiones con sectores a los que podía atraer mediante cargos y financiamiento.

El grado mortal de deterioro de las condiciones de la mayoría dentro y fuera del país, que se mueve entre el hambre y el deseo de rebelión inmediata para los cuales esa Consulta no dice nada

“Hay otros motivos vinculados a las disidencias que hay en todos los partidos y que no han podido ser procesadas, dadas las condiciones escasamente democráticas, dentro de las cuales se desenvuelven y en su propio interior; estas condiciones propician estallidos y divisiones internas frente autocracias partidistas que no se renuevan”.

– ¿Usted cree que es pertinente la idea de la Consulta Popular, propuesta para el 12 de diciembre en el marco del llamado Pacto Unitario?

– Esa Consulta no es mala sino inútil. Han dicho sus promotores que es una manera de movilizar, de hacer que una reactualización de la conciencia cívica, republicana y democrática, vuelva a ser protagonista. No parece haber entusiasmo alguno salvo en los miembros de los partidos del grupo de las organizaciones opositoras que ha mangoneado la Asamblea Nacional por años.

“Esos promotores no han leído bien al país en las actuales circunstancias. Un primer elemento es que los ciudadanos se movilizan cuando el camino señalado engancha con una situación, en la que el cambio de régimen se aprecia como posible, sea cierto o no; es la idea de que un empujón produce el cambio deseado. Un segundo elemento es el grado mortal de deterioro de las condiciones de la mayoría dentro y fuera del país, que se mueve entre el hambre y el deseo de rebelión inmediata para los cuales esa Consulta no dice nada”.

si hay un diagnóstico correcto, la presión no bajaría sino, por el contrario, debería aumentar».

– ¿Está de acuerdo con la proposición de Leopoldo López de llevar a cabo unas elecciones, donde también participe Nicolás Maduro como candidato?

– Esa idea me parece una barbaridad impresentable. ¿Elecciones con alguien buscado por la justicia internacional por crímenes contra la humanidad? ¿Elecciones con un sujeto por el cual ofrecen recompensa de 15 millones de dólares? ¿Dónde queda la oferta de Guaidó, ya casi olvidada, del “cese de la usurpación”?

– En caso de imponerse Joe Biden como nuevo presidente, ¿usted cree que serán flexibilizadas algunas sanciones?

– No lo sé. He sostenido que el régimen de Maduro ha emergido como una amenaza a la seguridad nacional de EEUU y de varios otros países de la región, por sus vínculos con el narcotráfico, el terrorismo, el lavado de dinero, la trata de personas y el cultivo de grupos paramilitares. En relación con el Norte, esta amenaza ha sido detectada por su comunidad de inteligencia desde hace años y por los militares del Comando Sur. No se trata si en la Casa Blanca de Trump o de Biden gustan de Maduro y sus agremiados, sino lo que estos representan para la seguridad de ese país. En ese sentido, si hay un diagnóstico correcto, la presión no bajaría sino, por el contrario, debería aumentar.

– ¿Cuál, a su modo de ver, será el escenario a partir del 5 de enero, cuando se instale una nueva Asamblea Nacional?

– El régimen intentará recubrirse de un barniz democrático con esa AN espuria, con la ayuda de una oposición hecha a la medida, y de algunos operadores internacionales como José Luis Rodríguez Zapatero y Ernesto Samper. Sin embargo, EEUU y otros países ya han anunciado que no reconocerán esa tramoya de Maduro. Será una batalla de opinión pública y también política. Sólo habrá un nuevo y sólido apoyo a la oposición si y sólo sí retoma una ruta para remover el régimen de Maduro.

El bolívar ha pasado a ser una ilusión y todas las transacciones se hayan mudado o estén mudándose al esquema impuesto por la dolarización salvaje actual».

– ¿Qué explicación tiene usted, a propósito de esta escalada del dólar, que en apenas una semana se incrementó en un alto porcentaje?

– El bolívar no cumple ninguna de las funciones que tiene el dinero. No es reserva de valor (a nadie se le ocurre ahorrar en bolívares), no es medio de pago (porque cada vez vale menos y desde el momento en que hay un compromiso de pago hasta el momento de su ejecución, ha perdido valor, y nadie lo quiere); ni tampoco es unidad de cuenta (cuando las cosas más simples y baratas cuestan millones de bolívares no hay forma de tasar transacciones).

“Este deterioro se fundamenta en unas políticas fiscal, monetaria y cambiaria, cuya única finalidad es producir dinero sin respaldo de ninguna naturaleza; lo que ha dado lugar a la hiperinflación conocida. En este contexto, la demanda por los dólares y en menos medida por los euros, se ha hecho infinita”.

“No hay dólar ni euro caro en términos de bolívares porque son los únicos instrumentos para conservar valor; de allí que el bolívar haya pasado a ser una ilusión y todas las transacciones se hayan mudado o estén mudándose al esquema impuesto por la dolarización salvaje actual.

Enrique Meléndez / La Razón

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